El conventillo

Se designaba con ese nombre, derivado de una expresión irónica española (convento como prostíbulo) a una casa que alquilaba cuartos a inmigrantes.  

Como consecuencia de este fenómeno de crecimiento, en una ciudad apenas preparada para un cambio de tal magnitud, nació el conventillo, cuya antesala sórdida y atestada fue el célebre Hotel de Inmigrantes.

La mudanza de los grupos tradicionales al Barrio Norte (alrededor del 80% por la epidemia de fiebre amarilla) permitió alojar a numerosas familias, que se hacinaron en los ya obsoletos caserones del sur.

Los especuladores, a su turno, no tardaron en acondicionar vetustos edificios de la época colonial o en hacer construir precarios alojamientos para esta demanda poco exigente y ansiosa por obtener, mal o bien, su techo. La improvisación, el hacinamiento, la falta de servicios sanitarios y la pobreza sin demasiada esperanza hicieron el resto. Había nacido el conventillo. La superficie promedio por persona era de 1,6 metros.

 

Descripción y características del conventillo:

 

*  El patio 

Lugar de convivencia de personas, de lenguas e idiosincrasias diversas, también fue sede de reclamos comunes y de sociabilidad. Allí se forjaban nuevas familias y, a veces, ocurrían dramas pasionales.

En sus fiestas nació el tango y un género teatral: el sainete.

 

*  El piletón

Hasta mediados de 1880 no hubo agua potable en la ciudad. Los conventillos eran abastecidos por carros de aguateros, situación que se volvía intolerable en los meses de verano. El uso del piletón común originaba conflictos.

 

 

Escena de la vida de los conventillos, según una fotografía de los primeros años del siglo XX.

 

* Los baños

No había cloacas. Tanto el retrete como el lavabo eran comunes. Había, en los barrios de Once y La Boca, un servicio cada diez cuartos aproximadamente, según las estadísticas de 1919. Esta situación provocaba epidemias como el cólera, la fiebre amarilla, el paludismo, los parásitos y las infecciones.

 

*  La cocina

En algunos casos había cocinas comunes, pero lo más frecuente era que se cocinara en los cuartos. También se destinaban a la cocina los rincones del patio.

Cada familia cocinaba según sus propios gustos: los piamonteses y genoveses comían legumbres crudas, queso y pan -los asturianos y gallegos comían tocino y pan- y los criollos comían puchero.

  El calentador: en cada cuarto había un calentador a alcohol o aceite que se colocaba en la puerta para que los olores fueran al patio. Si la pieza estaba en la galería superior, se lo ubicaba en el pasillo, lo cual generaba grandes discusiones por obstruir el paso.

 

 

*  Las cobranzas

El alto precio de los alquileres fue convirtiendo a los conventillos porteños en focos de conflicto. Los cobradores debían pasar a cobrar custodiados por la Policía.

 

*  Los desalojos

El inquilino moroso era desalojado por la fuerza pública. Los muebles se subían al carro municipal para trasportarlos a un depósito. En el trance se observaba la solidaridad de los iguales; y el episodio solía terminar en batallas campales.

Cantidad de conventillos en la ciudad de Buenos Aires