QUE ES LA CONTAMINACION

Impregnación del aire, el agua o el suelo con productos que afectan a la salud del hombre, la calidad de vida o el funcionamiento natural de los ecosistemas.

CONTAMINACIÓN ATMOSFERICA

La contaminación atmosférica es uno de los problemas medioambientales que se extiende con mayor rapidez ya que las corrientes atmosféricas pueden transportar el aire contaminado a todos los rincones del globo. La mayor parte de la contaminación atmosférica procede de las emisiones de automóviles y de las centrales térmicas que queman carbón y petróleo con el fin de generar energía para uso industrial y doméstico. El anhídrido carbónico y otros gases nocivos que se liberan en la atmósfera producen efectos nocivos sobre los patrones atmosféricos y afectan a la salud de las personas, animales y plantas.

El nivel suele expresarse en términos de concentración atmosférica (microgramos de contaminantes por metro cúbico de aire) o, en el caso de los gases, en partes por millón, es decir, el número de moléculas de contaminantes por millón de moléculas de aire.

La combustión de carbón, petróleo y nafta es el origen de buena parte de los contaminantes atmosféricos. Un 80% del monóxido de carbono y un 40% de los óxidos de nitrógeno e hidrocarburos emitidos proceden de la combustión de la naftas y gasoil en los motores de los vehículos de transporte.

Las naciones industrializadas causan la mayor parte de la contaminación atmosférica del mundo. De este modo, aunque los Estados Unidos concentran sólo el 5% de la población mundial, el país genera el 22% de las emisiones de anhídrido carbónico producidas en el mundo y el 19% de todos los gases que provocan el efecto invernadero, como el anhídrido carbónico y el metano, causantes, entre otros efectos de la lluvia ácida y el calentamiento global de la atmósfera, así como también de la disminución de la capa de ozono que rodea la Tierra.

La lluvia ácida, una seria amenaza en todo el mundo, se produce cuando las emisiones de dióxido de sulfuro y óxido de nitrógeno procedentes de la combustión de automóviles y centrales térmicas que emplean combustibles fósiles vuelven a caer sobre la tierra en forma de precipitación ácida.

La lluvia ácida ha provocado la contaminación de numerosos lagos en Canadá y el nordeste de los Estados Unidos, habiéndose registrado este tipo de lluvia incluso en las islas de Hawaii, escasamente industrializadas. En el Reino Unido, el 57% de todos los árboles han perdido sus hojas de forma moderada o grave debido a los residuos corrosivos y en muchas partes del mundo la producción de alimentos ha disminuido. La lluvia ácida también causa la erosión de importantes monumentos y tesoros arquitectónicos, como las antiguas esculturas de Roma y la Esfinge en Egipto.

El hombre ha vivido mucho tiempo con la idea de que la naturaleza es un bien inagotable, gratuito y eterno; hoy, por el contrario, descubre que la naturaleza no es inagotable, sino temporal, pues es muy frágil y corre el riesgo de desaparecer, llevándose consigo, en esta extinción, a la humanidad entera; es por eso que el tema de la conservación ambiental ha pasado a formar parte de los objetivos fundamentales de la humanidad.

 La causa principal de toda la contaminación del aire es la combustión, principalmente de los combustibles fósiles. Teóricamente, cuando ocurre la combustión, el hidrógeno y el carbono del combustible se combinan con el oxígeno del aire para producir calor, luz, dióxido de carbono (CO2) y vapor de agua (H2O), sin embargo las impurezas del combustible, una incorrecta relación de mezcla entre el aire y el combustible, o temperaturas de combustión demasiado altas o bajas; son causa de la formación de productos secundarios, tales como monóxido de carbono (CO), óxidos de azufre (SOx), óxidos de nitrógeno (NOx), partículas (MP), hidrocarburos no quemados (HC), plomo y otros. Siendo éstas, las emisiones más importantes de los motores automotrices. En investigaciones realizadas en algunas ciudades de Europa, se ha estimado que el 80% de la contaminación atmosférica causada por el hombre, se debe a la combustión de carburantes fósiles y que de esta porción, el 50% lo aporta el transporte, con una participación del 73.7% de CO, 53% de HC y 47% de NOx de los totales emitidos en atmósferas urbanas. En las ciudades de Centro América la contaminación atmosférica está aumentando y ya ha alcanzado límites peligrosos para la salud humana y el medio ambiente; siendo los vehículos motorizados los principales causantes de esta contaminación.

CONTAMINACION ATMOSFERICA URBANA

La contaminación atmosférica urbana, producida por la industria y los automóviles, es un grave peligro para la salud de más de mil millones de personas en todo el mundo.

La principal causa de casi todos los problemas medioambientales es el rápido aumento de la población humana, que actualmente alcanza la cifra de 6.200 millones (2001) de personas en todo el mundo. Cada día hay 250.000 nacimientos, lo que suma 90 millones al año. A mediados de este siglo, llegará a los 10.000. Aún en el caso de que la fertilidad disminuyera hasta una media de dos hijos por mujer, las cifras absolutas aumentarán, al menos, en otros 3.000 millones.

Las tres cuartas partes de la población de los países industrializados y un tercio de los que están en vías de desarrollo vive en núcleos urbanos. Para el año 2025, dos tercios de la población mundial tendrá carácter urbano, estas zonas generan mayores concentraciones de polución.

La concentración de los contaminantes se reduce al dispersarse éstos en la atmósfera, proceso que depende de factores climatológicos como la temperatura, la velocidad del viento, el movimiento de sistemas de altas y bajas presiones y la interacción de éstos con la topografía local, por ejemplo las montañas y valles. La temperatura suele decrecer con la altitud, pero cuando una capa de aire frío se asienta bajo una capa de aire caliente produciendo una inversión térmica, la mezcla atmosférica se retarda y los contaminantes se acumulan cerca del suelo. Esto es lo que se sucede en la atmósfera que rodea a las grandes ciudades, aquí las inversiones térmicas pueden ser duraderas bajo un sistema estacionario de altas presiones unido a una baja velocidad del viento. Un periodo de tan sólo tres días de escasa mezcla atmosférica puede llevar a concentraciones elevadas de productos peligrosos en áreas de alta contaminación y, en casos extremos, producir enfermedades e incluso la muerte. En 1948 una inversión térmica sobre Donora, Pennsylvania, produjo enfermedades respiratorias en más de 6.000 personas ocasionando la muerte de veinte de ellas. En Londres, la contaminación segó entre 3.500 y 4.000 vidas en 1952, y otras 700 en 1962. La liberación de isocianato de metilo a la atmósfera durante una inversión térmica fue la causa del desastre de Bhopal, India, en diciembre de 1984, que produjo al menos 3.300 muertes y más de 20.000 afectados. Problemas de este tipo suceden en la ciudades como Distrito Federal en México, en Santiago de Chile y a menudo es la causa de concentración del smog en Córdoba y en Mendoza en nuestro pais.

Ciudad de México es una inmensa metrópoli, que cuenta con una de las poblaciones urbanas de mayor crecimiento del mundo. En el año 2000 se espera la población alcanso la cifra de 25 millones, lo cual agrava aún más los problemas de vivienda, transporte y contaminación atmosférica. Las fotografía muestran tres situaciones: día sin contaminación, día con escasa contaminación y día con alta contaminación

PROBLEMAS MEDIOAMBIENTALES

Una preocupación especial de los miembros del PICC (Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático integrado por más de 2.500 especialistas en clima de todo el mundo)es disminuir, las emisiones de CO2, el principal gas invernadero, están aumentando aceleradamente. De manera especial, el sector del transporte es el que presenta el mayor índice de crecimiento en el consumo de combustibles y emisiones de CO2. Más del 50% del calentamiento global se debe a las emisiones de CO2. El tráfico de vehículos automotores, junto con las plantas productoras de electricidad que queman combustibles fósiles, son las principales fuentes de emisión de este gas invernadero. Los aproximadamente 500 millones de vehículos que circulan en el mundo, emiten 4 mil millones de toneladas de CO2 al año, casi el 20% de las emisiones totales de origen humano. Si se incluye la construcción de carreteras y calles, la fabricación de automóviles y el procesamiento de los combustibles en las refinerías, las emisiones generadas por el transporte ascienden a una tercera parte del total a nivel mundial, el parque vehicular se está incrementando, en proporción, al doble del crecimiento poblacional. Según estudios hechos en de aquí al año 2030, el número de vehículos automotores en el mundo pasará de 500 millones a 2.300 millones, es decir, 4.5 veces más. En el mismo periodo, cada vehículo consumirá, en promedio, menos nafta. Sin embargo, a pesar de esta consideración y debido entre otros elementos, al crecimiento del parque vehicular, el consumo mundial de petróleo se duplicará para el año 2030, llegando a 1300 millones de toneladas. En tanto, se calcula que las emisiones de CO2 de los vehículos automotores ascenderán a 7500 millones de toneladas. De 1960 a la fecha, el consumo de petróleo se duplicó en los Estados unidos y se cuadruplicó en Europa. En el mismo periodo, los vehículos automotores quemaron el 60% de la producción petrolera mundial.

A pesar de los discursos sobre las buenas intenciones de los gobiernos industrializados por reducir sus emisiones de CO2, no se han instrumentado aún políticas efectivas hacia esta meta. Por su rápido crecimiento, el sector del transporte es un punto nodal de las políticas energéticas que deberán aplicarse,

para cumplir con los acuerdos internacionales que buscan evitar la catástrofe climática planetaria. 

 Se debe tomar en cuenta que el PICC ha recomendado la necesidad de lograr una reducción de 60 a 80% de las emisiones de CO2 para el año 2050. Esto da una idea de la dimensión de los cambios que se requieren en las políticas energéticas y de transporte a nivel mundial.

Las naciones industrializadas han acordado, en la conferencia sobre cambios climáticos en Kyoto, Japón (Conferencia sobre Cambios Climáticos en Kyoto, Japón, diciembre de 1997 se reunieron los representantes de todos los países  del mundo junto a los científicos mas detacados en el tema), diciembre del 1997, y en la IV conferencia llevada acabo en Buenos Aires, diciembre de 1998, tentativamente un protocolo de calentamiento global que cubre los siguientes gases de efecto invernadero: Dióxido de Carbono (CO2), Metano (CH4), Monóxido de carbono (CO), Óxidos de Nitrógeno (NOX), Óxido Nitroso (N2O), y compuestos orgánicos volátiles distintos del Metano. La meta de los Estados Unidos será de 7 por ciento bajo los niveles de 1990 entre 2008 y 2012, forzando a las emisiones norteamericanas a bajar más de un 30 por ciento de lo que de otra manera sería lo proyectado en 2010. La meta de Japón fue fijada a un 6 por ciento y la Comunidad Europea sería de un 8 por ciento.

De no tomarse medidas al respecto, la Tierra aumentará su temperatura media en 2,5 grados en el próximo siglo, un cambio sin precedentes en los últimos 10 mil años. Las consecuencias de estos cambios serían dramáticas: elevación del nivel de los mares, modificaciones en el régimen de los vientos y precipitaciones, con las inevitables repercusiones sobre cosechas, seguridad alimentaria, comercio, pérdida de biodiversidad, extensión de enfermedades a regiones antes impensadas, etcétera. Que el cambio climático producirá una elevación del nivel de los mares ha sido ya prácticamente aceptado por todos los conocedores del tema. El origen del fenómeno residiría en el deshielo de los casquetes polares. Sea como fuere, los expertos pronostican una elevación de un metro en el nivel de los mares durante el próximo siglo. Una auténtica catástrofe para las poblaciones costeras de numerosos países asiáticos. Algunos estados insulares podrían desaparecer literalmente del mapa y otros deberán enfrentar graves problemas económicos y sociales como consecuencia de la inundación de tierras cultivables.

Por lo menos dos estudios preparados especialmente para la cumbre de Kyoto confirman estas previsiones pesimistas. Uno de ellos, elaborado por más de 400 médicos y científicos, algunos de los cuales obtuvieron el Premio Nobel, sostiene que existe un vínculo evidente entre el aumento de la temperatura del planeta y el surgimiento de nuevas enfermedades o la reaparición de otras que se

creían extinguidas, ya que los cambios climáticos alteran el ciclo habitual de pestes y trasmisores de gérmenes que se extienden a nuevas regiones. La propagación de enfermedades trasmitidas por mosquitos es un claro ejemplo de ello. El hecho de que tanto la malaria como el dengue y la fiebre amarilla hayan llegado a zonas montañosas de Africa Central, América Central y algunas regiones

de Asia prueba que el aumento de las temperaturas permite a los mosquitos sobrevivir en regiones donde antes no les era posible. Con todo, el informe indica que lo más preocupante es la contaminación del aire que provocan las emisiones. Según Paul Epstein, uno de los médicos del equipo que elaboró el estudio, durante la segunda década del próximo siglo morirán ocho millones de personas al año por enfermedades respiratorias.