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Los
dinosaurios evolucionaron a partir de algún pequeño reptil que vivió
hace unos 230 millones de años, en una época que los geólogos y paleontólogos
denominan Triásico tardío.
Una
de las especies que guarda mayor relación con los dinosaurios es el
Lagosuchus talampayensis. Los restos de este reptil fueron hallados en la
provincia de La Rioja en 1964, durante una expedición organizada por el
paleontólogo Alfred Romer, de la Universidad de Harvard, con la
colaboración del Museo de La Plata. En 1975, José Bonaparte, que
entonces se desempeñaba como investigador del CONICET en la Fundación
Miguel Lillo de Tucumán, descubrió ejemplares más completos y publicó
una detallada descripción de la casi totalidad del esqueleto de este
animal, en la que se destacaban varios caracteres en común con los
dinosaurios. Casi veinte años más tarde, el paleontólogo estadounidense
Paul Sereno, de la Universidad de Chicago, junto con Andrea Arcucci, de la
Universidad de La Rioja, propusieron que el espécimen estudiado por
Bonaparte como Lagosuchus talampayensis correspondería en realidad a un
nuevo género y especie, a la que denominaron Marasuchus lilloensis. De
todos modos, estuvieron absolutamente de acuerdo en que ese animal estaba,
desde un punto de vista evolutivo, a un paso de distancia de los
dinosaurios.
Una
de las características más llamativas del cráneo este dinosaurios es la
presencia de dos aberturas ubicadas detrás de cada uno de los ojos, una
encima de la otra, que permitirían a los músculos de la mandíbula
aumentar de volumen cuando se contraían durante la masticación, y de una
abertura delante de cada ojo que podía haber contenido una glándula.
Esta particularidad del cráneo hace que se los clasifique como
arcosaurios, que en griego significa "Reptiles dominantes".
Tenia
una cola larga y delgada, de cabeza alargada y puntiaguda. Medía
alrededor de 30 centímetros.
Antigüedad:
Principios del Triásico Superior, aproximadamente 225 millones de años.
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