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En
1947, el científico español Ángel Cabrera, que por entonces se desempeñaba
como jefe de la división Paleontología de Vertebrados de la Facultad de
Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata, estudió
los restos del primer saurópodo del Jurásico registrado en América del
Sur. El hallazgo lo había realizado el geólogo de Yacimientos Petrolíferos
Fiscales Tomás Suero en Cerro Negro, Pampa de Agnia, provincia de Chubut.
Este dinosaurio, al que Cabrera nombró como Amygdalodon Patagonicus,
pertenece al grupo de los cetiosáuridos –cetiosaurio significa lagarto
ballena–. Casamiquela completó su estudio y publicó sus resultados en
1963. Este hallazgo sirvió para demostrar que, durante el Jurásico, América
del Sur mantenía intercambios faunísticos con otras regiones del mundo, ya
que los cetiosaurios se registran también en el norte de África, Europa y
Asia. Posiblemente, el Amygdalodon Patagonicus vivió en la parte
final del Jurásico Temprano, hace unos 175 millones de años.
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