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Hase
encontrado, además, en nuestro suelo, un gran grupo de aves extinguidas,
muy distinto de todos los actuales, al que se ha dado el nombre de
Estereornitos (Stereornithes) y comprende las aves de tamaño más colosal
que han existido sobre la tierra. Como tenían huesos más sólidos que los
de las otras aves, se han conservado más fácilmente y se encuentran en
relativa abundancia. Poseen caracteres de los Ratitos y de los Carinatos y
su tamaño variaba desde el de una gallina hasta alcanzar estaturas de
cuatro, cinco y más metros. Eran de alas cortas, gruesas e inadecuadas para
el vuelo. Sus miembros posteriores eran muy fuertes. Los dedos tenían, en
unos géneros, uñas ligeramente acuminadas, pero en la mayor parte de
ellos, estaban armados de uñas arqueadas, comprimidas y aceradas como las
de las águilas. La mandíbula, maciza y prolongada, tenía la parte
anterior vuelta hacia arriba, mientras que el pico arqueado y comprimido
terminaba en una larga y sólida punta triangular, dirigida hacia abajo, la
cual, en las grandes especies, constituía una formidable arma ofensiva.
Eran aves corredoras y de presa que no debían temer medir sus fuerzas con
los más grandes mamíferos de su época. Aparecieron en las capas más
superiores de la formación Guaranítica; alcanzaron su mayor desarrollo en
los estratos superiores de la formación Araucana. Los géneros de mayor
tamaño son: Physornis de la parte más superior del Guaranítico; Brortornis,
Liornis, Eucallornis, y Phorothacos de las formaciones Patagónica
y Santacruceña.
En
Nueva Zelandia, Australia y Madagascar también existieron aves gigantescas,
pero en época geológica muy reciente; y, aparte el tamaño, no tenían
ningún parecido con los Estereornitos. El único representante probable de
este grupo, que se conoce fuera del territorio argentino, es el género Diatryma
del eoceno de América del Norte.
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