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| RELATOS |
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PROF.
OSVALDO TOPCIC´
Fijemos
la época: estamos en 1911, significa que en 1912 se crea el Consejo
Municipal de Río Gallegos. Era la época de territorio nacional.
Se establecía que para las localidades de 1.000 habitantes tendría
que constituirse un Concejo Municipal. Se deja entrever entre los antecedentes
que este se debía hacer cuando se llegaba a esta cantidad de 1.000
hab. No todos tenían interés en la formación de este
organismo, porque implica el ordenamiento del éjido urbano y además
el cobro de impuestos, eso fue lo que sucedió. Hubo un intento
previo en 1910 de constituir un Consejo Municipal, pero fracasó.
Influía el frigorífico (ubicado en el inicio de la calle
Roca), que quería la libertad plena de poder disponer de ese extremo
de la ciudad, en cuanto a agua, entrada y salida de mercadería
por el puerto sin reglamentación.
Los
barcos cruzaban el océano Pacífico y llegaban a San Francisco,
bordeando las costas. El
carbón
venía del Puerto de Buenos Aires, por navíos nacionales,
o era traído desde el puerto de Cardiff (Inglaterra), básicamente
para los frigoríficos.
Esto lo llevó invariablemente a comprometerse sin dudas con otro grave conflicto, el cual es la depredación sistemática de los recursos patrimoniales, el que ocurre desde hace décadas a manos de pretendidas personas profesionales de otras latitudes y piases. También por la actitud desaprensiva de aficionados a coleccionar souvenirs como adornos "viejos" para su propio beneficio. A partir de estos dos ejes: reconstrucción de la historia olvidada, y preservación de los lugares, piezas y restos, Javier ha movido su curiosidad por la meseta, ríos, lagos y mares patagónicos, anotándose - e incluso generando por propia iniciativa- en cuanto viaje de estudio y placer (... por el estudio) fue posible. Ha recorrido casi toda nuestra geografía desde el mar hasta la cordillera, en distintos momentos de su derrotero. El primer relevamiento de tipo naval del cual participa se inicia en 1989 y consiste, por obvias razones económicas, en caminatas por las orillas y playas, adentrándose hasta el nivel del límite de la bajamar en muchos puntos de nuestro litoral. Ello les permitió observar restos ya descubiertos años o décadas atrás y ubicar otros nuevos, mientras que un posterior trabajo de investigación bibliográfica le permitió obtener los detalles y vinculaciones, tanto con naufragios como con las actividades propias del inicial poblamiento patagónico. Más tarde, y a instancia de organizaciones no gubernamentales de Argentina y el exterior, forma parte de la creación del "Proyecto Sendas", que tiene por objeto el relevamiento integral de aquellos enclaves que pudieron revelarse como estratégicos para las primeras expediciones llegadas al continente desde la llegada de Colón y hasta el año 1900 de nuestra era; una de las tareas realizada fue el relevamiento fílmico y fotográfico de tales lugares, la identificación de restos y la elaboración de hipótesis de trabajo orientadas a definir los derroteros de aquellos primeros conquistadores. Estos lugares y desde las perspectivas y necesidades básicas de aquellos viajeros debían contar con agua dulce (desembocadura de ríos, manantiales y pozos surgentes), combustible (madera, leña) y alimentos (vegetación y fauna), que les permitiese sus travesías de ida y regreso por el Pacífico y el Atlántico. Fue posible así detectar muchos de estos asentamientos y al menos veinte sitios de naufragios "nuevos", es decir: no identificados hasta el momento, a lo largo del litoral santacruceño en un período que abarca desde finales del 1.500 hasta la primer guerra mundial. En varios de estos lugares fue posible obtener vestigios que indicaron actividades y presencia humana en tareas de reabastecimiento, o asentamientos provisorios, o con finales sino trágicos cuanto menos inciertos de los antiguos viajeros y exploradores de Nuestro Sur. La elaboración de un documental anexo y paralelo a estos trabajos, trajo aparejada ciertas dudas y cuestionamientos respecto de la situación patrimonial de los restos navales, lo que llevó a los integrantes del equipo de relevamiento a optar por mantener la reserva de algunos de los descubrimientos, hasta tanto se garantice la protección efectiva de los restos por parte de las autoridades de aplicación de la legislación de protección existente. De estos casos nuevos en los que no se incluyen los más conocidos como el Bacon Greage, el Marjory Glen (o Clen), El Matrero, y otros buques ya conocidos y asiduamente visitados, nueve sitios donde se encuentran restos (que pueden constituirse en naufragios) se ubican en la zona que comprenden las desembocaduras y estuarios de los ríos Santa Cruz, Coyle, Gallegos y Chico y se extienden hasta Cabo Vírgenes y Punta Dungenes, lo que no es extraño dado la proximidad del estrecho de Magallanes. Cuatro de estos naufragios se encuentran en inmediaciones de la ciudad capital en la parte más interna de la desembocadura de la ría de Río Gallegos y hasta un poco más hacia el exterior en Punta Loyola, no siendo visibles en el nivel de bajamar. Dos de ellos revisten gran interés por la antigüedad que presentan y las características de las piezas observadas. Un quinto caso y de gran interés, lo constituyen los restos de un antiguo navío hundido en el limo y visible parcialmente en el momento de más bajo nivel de mareas en las proximidades del puerto de Punta Loyola. Del mismo y con la colaboración del Centro Marítimo Austral (Club CE.M.A) y Prefectura Naval Argentina se recuperó parte de una cuaderna, que posee entarugados de madera y bronce de fundición, así como clavos de cobre, siendo tratada convenientemente para evitar su degradación en presencia del oxígeno atmosférico. La inscripción de una finta de bronce limado a forja que está aún incorporada al maderamen enterrado y parcialmente sumergido permitió ubicar su posible origen holandés e iniciar las solicitudes de información internacional para determinar si los fines de su travesía eran exploratorios, para la ubicación de abastecimiento y confección de mapas marítimos en la ruta del Estrecho de Magallanes y el Pasaje de Drake u otros. Este podría convertirse en un caso testigo sobre el rescate integral de material e información es posible, ya que por su ubicación cercana a la costa facilita la aplicación de medios operativos eficientes como botes, dragas, marcadores de posición y uso de tecnología de detección de metales, entre otros; y su exposición parcial permite una recuperación secuencial y organizada. Esto requeriría de un proyecto que abarque profesionales, equipamiento, logística y el dinero necesario para ello, lo que hasta ahora se ha hecho difícil de conseguir. Pero sin dudas se trata de un lugar en que las autoridades e instituciones pueden invertir esfuerzos con total confianza de que al menos una porción de nuestro pasado será recuperada.
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