Encuentros (con Indígenas)

Las expediciones que se inician en la zona durante el primer cuarto del siglo XVI, son de gran importancia para el desarrollo del comercio del Viejo Mundo, que buscaba una ruta marítima con rumbo a las Indias Orientales, de este modo, se puede afirmar que los viajes de exploración a estas costas australes son causados por diversos factores, tanto económicos como políticos que responden a un momento determinado. Estos viajes tendrán como una de sus consecuencias los encuentros con aborígenes de la región, tema que se desarrollará en este punto.

En el año 1520, la corona española envía una flota que dirigida por Hernando de Magallanes buscaba aquella ruta ya mencionada; bordeando la costa patagónica, la flota decide refugiarse en la bahía de San Julián, y es allí donde se produce el primer encuentro con los aborígenes de la zona; en ese momento, la persona encargada de registrar el viaje era el cronista Antonio de Pigaffeta, quién describe al acontecimiento de este modo:
"(…) Transcurrieron dos meses sin que viéramos ningún habitante del país. Un día, cuando menos lo esperábamos, un hombre de figura gigantesca se presentó ante nosotros. Estaba sobre la arena casi desnudo, y cantaba y danzaba al mismo tiempo echándose polvo sobre la cabeza. El capitán envió a tierra a uno de nuestros marineros, con orden de hacer los mismos gestos, en señal de paz y amistad, lo que fue bien comprendido por el gigante, quien se dejó conducir a una isleta donde el capitán había bajado. Yo me encontraba allí con otros muchos. Dio muestra de gran extrañeza al vernos, y levantando el dedo, quería sin lugar decir que nos creía descendidos del cielo". (1)
Dada esta situación, Hernando de Magallanes decide denominar a los Tehuelches (que, en comparación a la talla promedio de los españoles de la época, eran "gigantes") con el particular nombre de "Patagones".
Patagones: Se puede decir que el origen de la palabra patagón o patagones, es aún ambiguo; en un primer momento se creyó que se refería a una deformación de "patón" ya que según Pigaffeta (cronista de la flota de Magallanes) los hombres avistados tenían una "figura gigantesca" y, por ende, se deduce que sus pies no serían de menor tamaño, también se puede agregar que esta explicación fue la más aceptada y divulgada por los expedicionarios, figurando como un mito austral; pero una teoría más reciente muestra que quizá esta palabra no derive de tal deformación, sino que tenga un origen no menos ficcional correspondiente a un personaje de una antigua novela de caballería, Primaleón, en donde se hace mención de un salvaje con proporciones desmesuradas llamado "Pathagon". Al parecer, las características de este personaje hicieron eco en la memoria de los expedicionarios, quienes acostumbraban a relatarse tales historias en sus largos trayectos.

Tiempo más tarde, las expediciones continuaron y siguieron dándose situaciones como la anteriormente relatada, vale entonces rescatar la declaración del capitán Andrés de Urdanato de la expedición de Frey García Jofré de Loayza (1525 - 1527), este testimonio era requerido por el Consejo Real y Supremo de Indias:
" Y en tierra vimos gente que eran Patagones, (…) trujeron un Patagón á los naos en el esquinfe, al cual le dieron de comer y beber vino, y le dieron otras cositas, con que holgó mocho, en además con un espejo, que como vió su figura dentro, él estaba tan espantado de que era cosa de ver las cosas que hacía, también le demostraron oro é plata, más no hizo mudamiento ninguno. El era grande de cuerpo y feo, y traía vestido como peleja de cebra, y en la cabeza un plumaje hecho de plumas de avestruces y su arco, y unas abarcas en los pies; y como vió que se hacía noche, aseñaló que le llevasen á tierra."
Las expediciones subsiguientes no se relacionan sino con la ocupación de puntos estratégicos en Patagonia que coinciden con la expansión territorial en el Río de la Plata, por lo que, se pueden nombrar viajes como los de Simón de Alcazaba (1534), Alfonso de Campo (1539 - 1541) y J. Fernández Ladrillero (1557 - 1559), y también una etapa de Piratería inglesa con el mismo objetivo en la que encontramos expediciones como las de Francis Drake (1577), Tomás Cavendish ( 1586 - 88) y Richard Hawking ( 1593) … A propósito del segundo, fue éste quién tras fondear las costas del sur con su nave "Desire" dará nombre a Puerto Deseado y rescatará a un sobreviviente de los fallidos intentos de posesión españoles dirigidos por Pedro Sarmiento de Gamboa, aquel superviviente, ya en Chile, escapó de la nave inglesa, y fue interrogado por un gobernador de este país, con lo que declaró lo siguiente:
"Preguntado qué vestidos y trajes traen los indios e de qué armas usan dijo que vestidos de pellejo y desnudos y traen flechas sin yerba y le parece que es poca gente porque no vieron más de cuarenta indios, y que el parte a la parte del Sur vieron otros pocos indios, los cuales traían dardos y que también andaban desnudos con pellejos." (2)
Esta clase de testimonio nos demuestra los continuos avistajes que de los tehuelches tiene el hombre del Viejo Mundo, que tiene como posterior consecuencia un intercambio cada vez más fluido y abierto que se entreteje con el pasar del tiempo y que nos lleva a tomar como ejemplo de lo dicho a las excursiones de George C. Musters narradas en su libro Vida entre los Patagones.

Este viajero británico exploró la región hacia el año 1869, cruzando el interior patagónico desde Punta Arenas hasta Carmen de Patagones, narrando situaciones particulares como las siguientes…
" Se avistó al fin un jinete que venía galopando hacia nosotros y que resultó ser un indio llamado Sam, hijo del jefe Casimiro, a quién se cita en informes misioneros. (…) el recién llegado se volvió hacia mi diciendo en inglés: ¿Cómo está Ud.? Yo hablo un poco de inglés. Lo había aprendido durante una visita a las Islas Malvinas, donde también había adquirido su apodo Sam Slick. Luego se alejó a todo galope, para traer a sus compañeros (…), que al parecer acababan de cazar, porque traían consigo bastante carne de guanaco. Hicimos alto junto a un matorral, y en pocos minutos el fuego estuvo encendido (…) Todos eran muy afables, y me obligaron, a mí especialmente, a aceptar más carne de la que podía llevar; pero había cierto embarazo visible en sus maneras, debido probablemente a que pesaba sobre su conciencia algún trato con los desertores, a quienes, según los aconsejó Jaria, debían echar donde quiera llegaran a encontrarlos. Las mujeres llevaban botellas de agua, que nos cedieron enseguida, con gran alivio y satisfacción nuestra, pues todos estábamos abrasados de sed".

Finalmente el intercambio fue tomando mayor regularidad, evolucionando desde el siglo XVIII al siglo XIX con la gradual creación de asentamientos poblacionales en al región, tales como Carmen de Patagones, la Isla Pavón (1859), Punta Arenas y Fuerte Bulnes (1843).
Esta pequeña reseña nos da una visión general de la relación entre las diferentes coronas, la importancia estratégica de la región y los aborígenes que en ella habitaban, vinculándose de forma no casual ni desprendida con respecto a los factores de la época.

Tehuelches: La diferente distribución de los tehuelches en la Patagonia da lugar a su clasificación en grupos denominados del siguiente modo: tehuelches septentrionales australes, que se encontraban entre el río Chubut y el sur de Río Negro, y los tehuelches meridionales, que, a su vez, se dividen en tehuelches meridionales boreales, los que se ubican entre el río Santa Cruz y el río Chubut, y los australes, que habitaban desde el río Santa Cruz hasta el estrecho de Magallanes, éstos últimos son los denominados "aonikenk" o "gente del sur" a quienes se les atribuye los primeros contactos con los expedicionarios en esta zona, como el ya mencionado.