APEU

 

 

 

PILLÁN QUITRAL

El origen de Kuku-Nor

 

El Kuku-Nor es un gran lago, en Mongolia, del cual se dice que en otros tiempos estaba bajo tierra, en el sitio en donde se encuentra actualmente Lassa, la capital del Tibet. Y aun se recuerda cuando llego ese lago al sitio en donde está emplazado actualmente.
En aquella epoca, el Dalai-Lama no tenía una residencia fija. Uno de ellos quiso construir un templo magnífico en honor a Buda. Designó el sitio en donde debía erigirse, y comenzarón los trabajos. Muchos millares de hombres se reunieron en el lugar escogido. Se agruparon en cuadrillas, dirigidos por hábiles maestros y bajo las órdenes de excelentes arquitectos. Durante un año entero trabajaron de firme en la construcción del templo, que era soberbio y hermosísimo; pero apenas hubieron puesto la última piedra, el edificio entero se vino abajo.
Se volvió a empezar la edificación, empleando materiales mejores, poniendo más cuidado en todo. Pero de nuevo, cuando el templo se hubo acabado, se derrumbó. Esto pasó por tres veces y el Rey, asombrado, se dirigió a un adivino, que no le pudo dar una respuesta satisfactoria; pero anunció que lejos de allí vivía un santo que era el único entre los mortales que podía explicar ese misterio. El Rey envió al momento un eminente lama en busca del santo.
Después de varios años de fatigosas búsquedas por todos los sitios, el lama no había encontrado nada. Llegó hasta los límites del mundo budista y tuvo que regresar. En las estepas vecinas al límite del Tíbet y de China, una noche, habiéndosele roto la cincha de su caballo, pidió hospitalidad en una miserable casa que estaba al lado de su camino. Un viejo ciego que allí vivía ofreció comida y cama al viajero, y después le preguntó por el objeto de un viaje tan penoso. El lama quiso descubrir su personalidad y le dijo tan sólo que era un peregrino.
- Hacéis bien en peregrinar hasta nuestra tierra -contestó el viejo-, pues aquí tenemos templos muy venerados. Hasta mis oídos ha llegado la noticia de que en el Tíbet el Dalai-Lama ha ordenado construir un enorme y rico santuario y que por tres veces se ha derrumbado, después de erigido. ¿Sabeis algo de esto?
- Hermano -dijo el lama-, también he oído yo eso, aunque hace mucho tiempo que no he pasado por esa región. ¡Cosa extraña! Nadie puede penetrar en tran gran misterio.
El viejo ciego sonrió y dijo:
- Sí, hay quien lo sabe. Hay quien sabe por qué el templo que quiere construir el Rey se viene una y otra vez a tierra. Y sabe también que eso sucederá siempre.
El lama permaneció en silencio, mirando las brasas del hogar. Después dijo lentamente:
- Hermano, me habéis acogido con caridad y no tengo derecho a sospechar de vuestras palabras. Pero dudo de que haya alguien que posea ese secreto.
El viejo dijo enérgicamente:
- Pues sí, hay alguien, y soy yo.
El lama sintió saltar su corazón de alegría al ver que por una casualidad había encontrado, por fin, a aquel a quien tan fatigosamente buscara. Pero frenó su impaciencia. Acercó las manos al fuego y, sin mirar al viejo, añadió:
- Gran sabiduría es la vuestra. ¿Y cuál es la causa?
El anciano le respondió:
- La causa es la siguiente: en el sitio en donde el Rey quiere construir el templo hay una extensión grande de agua subterránea. Pero guardarme el secreto de esto, pues si uno de los lamas lo supiera, esas aguas se desplazarían y vendrían a devorarnos.
Al oír esto, el lama no pudo contenerse más. Se puso en pie, salió de la casa, y montando a caballo, tomó el camino de regreso. El viejo salió antes que él, y el lama le dijo:
- Gracias, amigo; yo soy uno de esos lamas de los que has hablado.
Y aguijando al caballo, emprendió un buen trote. El anciano quedó desesperado, pues precisamente le había dado su silla de montar para sustituir a la del lama, que se había roto. Entonces llamó a uno de sus hijos, le dijo que cogiera un caballo, que persiguiera al lama y que le arrancara la lengua.
El viejo creyó que así se remediaría todo y que el lama perecería. Pero, desgraciadamente, la palabra mongola tilé significa lengua y hebilla del cincho. Y el hijo entendió que había que pedirle la habilla de la cincha. Así que cuando alcanzó al lama y cuando éste se preparaba para defenderse, oyó con sorpresa que su seguidor le reclamaba tan sólo la hebilla de la cincha. Se la entregó y siguió a galope.
Cuando el viejo supo la equivocación de su hijo, grito:
- ¡Ha sido la voluntad de Dios! Sometámonos a ella pues estamos perdidos.
Efectivamente, aquella misma noche se oyó un ruido terrible; la tierra se entreabrió y el agua, saliendo por todas partes, inundó el país. Perecieron un gran número de hombres y animales, y también pereció el indiscreto viejo. Por fin Dios tuvo piedad de tantos desdichados. Y por orden suya un pájaro enorme apareció, llevando entre sus garras una monstruosa roca, con la que obstruyó la abertura de la tierra por donde corría el agua. Esta cesó de salir; pero las que habían surgido ya formaron el lago Kuku-Nor, que todavía subsiste.

 

                

Anterior   -   Siguiente 

                   Leyendas del Mundo      Leyendas Argentinas       Leyendas Patagonicas   Mitos Tradicionales    

Alemania

Arabia

Asiria

Bolivia

Brasil

Colombia

Chile

Cuba

Ecuador

Egipto

Escandinavia

España

Grecia

India

Irlanda

Japón

Lituania

México

Nepal

Noruega

Paraguay

Perú

R.Dominicana  

Ucrania

Uruguay

Venezuela