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El Diluvio

 

 

Los sumerios, europeos, africanos, chi­nos, australianos, sudamericanos, indios y los habitantes de Oceanía tienen en común el mito de un diluvio que habría devastado el planeta muchos milenios antes de Cristo. las similitudes entre los relatos son asombrosas, y todos parecen estar construidos sobre un mismo guión.

   

Los capítulos 6, 7, y 8 del Genesis, en el Antiguo Testamento, relatan la historia del Diluvio: Dios quiso suprimir el mal que había invadio la Tíerra y decidió aniquilar a la humanidad corrompida. Un solo hombre merecía salvarse, Noé. Dios se dirigió a él y le ordenó construir un arca para resguardar a su familia junto con una pareja de cada especie animal. Cuando el arca estuvo terminada, copiosas lluvias cayeron y sumergieron al mundo, Noé y los suyos fueron empujados durante meses de un lado a otro por la tempestad. Finalmente, cesaron la lluvias y Noé soltó una paloma que regresó con una rama de olivo: la vegetación había brotado nuevamente sobre la Tierra. Las aguas bajaron y depositaron a Noé y a los suyos en la cima del monte kant, desde donde repoblaron la Tierra. Este relato, fusión de dos textos de los siglos VIII y VI antes de Cristo, tiene origenes sumerios y babilónicos. En la versión sumeria de «nuestro» Diluvio, Noé se llama Ziusudra.       El relato posterior de los babilonios se encuentra en tablillas que describen la epopeya de Gilgamesh; en ella, Noé se llama Uta-nafishtim.

 

El Diluvio en el mundo

Numerosos mitos indios relatan este mismo hecho. Asi, podemos encontrarlo en libros sagrados, corno el Stapatha Brahamana, el Bhagavata Pura, y, por supuesto, en el Ma­hahharata, Según estas versiones, Manu (o Satyaavrta) es avisado por Vishnú, quien ha tomado la forma de un pez, de la inminente venida de un diluvio. Siguiendo los consejos del dios, el asceta construye un barco pan acoger a las especies que viven en la super­ficie de la fien-a: después de la recogida de las aguas encalla sobre una montaña. En algunas versiones, el asceta deja ir un pájaro que regresa con una rama en el pico. En total, trece relatos diferentes del Diluvioprovienen de Asía y nueve de Oceanía, sobre todo de Australia. El Diluvio australiano fue provocado por un dios rana (lunar), el que, luego de beber todas las aguas de la Tierra, las escupe bruscamente. De las catorce versiones sudamericanas, la mayoría da como origen del cataclismo la pelea entre los dos dioses gemelos que crearon el inundo; uno de ellos, golpeando el suelo con su pie, hace brotar aguas que terminan por cubrir al mundo entero. En siete relatos nacidos en América Central y dieciséis en América del Norte, lluvias e inundaciones son responsables de la catástrofe. Final­mente, en los relatos chinos, el malvado dios Kong-Kong derriba con su cabeza una de las columnas que sostienen el cielo, perforando la bóveda celeste y dejando pasar trombas de agua que ahogan toda vida.

 

Los vestigios del Diluvio

En 1929, luego de excavaciones arqueológi­cas llevadas a cabo en el emplazamiento de la antigua ciudad sumeria de Ur, el Dr. Wooley descubrió una capa arcillosa de más de dos metros de espesor. Los análisis mostraron que se trataba de sedimentos dejados por las aguas. Además, bajo la capa de arcilla aparecen vestigios de una civiliza­ción aún más antigua. ¿Acaso este «paréntesis» en la historia fue oca­sionado por la llegada de una gran cantidad de agua? El espesor de la capa arcillosa per­mite, en efecto, presumir que se trataba de una inundación poco común. En Nínive, Babilonia, Shuruppak, Iiruk, Kish, Tello y Pan, otras excavaciones han encontrado la misma capa sedimentaria. ¿Constituye esto una prueba de la veracidad del Diluvio bíblico? La dificultad radica en que las técnicas de datación utilizadas parecen indicar que estos depósitos, y por lo tanto las inundaciones, no corresponden todos a la misma época. Luego, según el lugar geográfico, no habría habido uno sino varios diluvios, Ja geofisica corrobora esta hipótesis~.• un diluvio que hubiera sumergido a todo el planeta parece improbable, pero la existencia de un perio­do agitado durante el cual se produjeron fenómenos meteorológicos de inusitada vio­lencia parece ser posible. Los sedimeotos descubiertos corresponden a crecidas excep­cionales de los ríos de Mesopotamia. Se plantea entonces el problema del origen de este cataclismo. Algunos piensan que el balanceo de la Tierra sobre su eje hahría provocado que los océanos sumergieran a las tierras. Pan otros, un mar situado en el centro de Asia se habria vaciado debido a un gigantesco terremoto, inundando las re­giones aledañas. La hipótesis más verosimil es la de un Dilu­vio” que duró varios siglos, que corresponde­ría al recalentamiento ocurrido a fines de la última glaciación entre 10.000 y 5.000 años antes de Cristo. El derretimiento de los hielos habría producido neblinas y lluvias extraordi­narias. En todo caso, aunque estamos segu­ros de que el ~Diluvio~ se basa en un hecho real, no podemos decir con certeza cuándo, de qué manera y por qué se produjo.

 

  Los aventureros del arca

Desde hace más de dos mil años, los hom­bres buscan el arca de Noé- El primer relato de una ascensión al monte Ararat (situado en Ana­tolia, en la actual Turquía), se remonta al año 330 después de Cristo y perte­nece a la tradición ortodoxa. Llegado a media altura, el patriarca Jacobo reci­be de un ángel los fragmentos de la nave sagrada. Los viajeros se suce­den uno tras otro; el flamenco Guiller­mo de Ruysbroek en 1254, el venecia­no Marco Polo en 1273, el provenzal Pítton de Tournefort en 1701. Pero ninguno de ellos llega a la cima del monte ni encuentra huellas del arca.El Ararat fue vencido en el siglo XIX. En 1829, G. F. Parrot lleva una expedición a la cima, aunque sin des­cubrir nada nuevo. Diez años más tar­de, unos obreros turcos encargados de edificar barreras en la montaña afir­man haber encontrado un navío muy antiguo que emergía de un glaciar, pero no pueden entregar ninguna prueba. En la segunda mitad del siglo XIX, no menos de ocho expediciones llegaron a la cima del monte Ararat, pero ninguna logró traer un testimonio serio sobre el arca. En agosto de 1952, los alpinistas franceses Navarra y De Riquer avis­taron una forma extraña aprisionada en un glaciar. Sin pruebas, no se atre­vieron a anunciar su descubrimiento. Al año siguiente, Navarra partió nueva­mente hacia el Ararat y logró filmar la <‘forma’> bajo el hielo, pero las condi­ciones meteorológicas le obligan a acortar su exploración. insalisfecho, debe esperar hasta 1955 para preparar una tercera expedición. Esta vez tuvo suerte. Navarra logra soltar una parte de la estructura, construida en madera, y recupera un trozo de viga. Los análi­sis muestran que se trata de un trozo de encina desbastada de una antigüe­dad de más de cinco mii años. Navarra está convencido de haber encontrado el arca de Noé. Sin embargo, la presencia de un navío a esta altura es científicamen­te imposible. En efecto, el planeta Tierra no posee suficiente cantidad de agua para elevar el nivel del mar a 4.500 metros, independientemente de la veracidad de un diluvio, en ningún caso las aguas descendientes habrían podido depositar un barco a esa altura. De todos modos, es innegable que una gigantesca construcción humana hecha de madera descansa bajo un glaciar en el monte Ararat, constitu­yendo un nuevo enigma para los arqueólogos.

 

 

 

 

                

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