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Hubo
en algún tiempo, un lugar donde el aire que se respiraba era limpio y
donde se mirara se encontraba uno con hermosos paisajes, y aquéllos que
vinieron al comienzo de los tiempos se maravillaron con aquel lugar y
vivieron ahí desde el comienzo de los tiempos e hicieron su ciudad junto
a un gran lago. Otras culturas llamaron a este lugar Michoacán , que
significa "tierra de pescadores" y a sus habitantes michoacanos.
Y
vivieron ahí por largas generaciones, los michoacanos vivían en
comunión con su entorno y desarrollaron su cultura, engrandeciendo su
país, construyendo día a día su ideología.
El
tiempo pasó, vinieron monarcas buenos y monarcas malos, guerras, hambres
y tiempos de opulencia, y llegaron noticias con los mensajeros de la
Tenochtitlán de como unos invasores venidos de tierras más lejanas de
donde el cielo y la tierra se hacen uno, se hablaba del terror de ver al
imperio más grande resquebrajarse frente a sus ojos, como el ejército
inigualable era vencido y la sangre de una de las culturas más grandes
estaba vertida sobre las ruinas que fueran la gran Tenochtitlán.
Los
jóvenes michoacanos estaban dispuestos a luchar sin tregua a defender su
suelo, el país que les pertenecía, en donde los hombres eran libres y
las águilas volaban, más de que servía un ejército resuelto a morir
por su patria si el rey temblaba frente al enemigo.
Tzimtzicha era considerado un monarca débil y cobarde, por esto la
confusión reinaba en el país ¿Repetiría Tzimtzicha el error del débil
Moctezuma y se rendiría frente a los invasores? o ¿Seguiría el ejemplo
de Cuauhtémoc y los combatiría?
Hernán Cortés había oído hablar de las riquezas que había en
Michoacán y mandó a sus mensajeros a hablar con el monarca michoacano,
persuadiéndolo a rendirse y reconocer al rey de Castilla.
Tras realizar la misión que les fuera encargada los mensajeros regresaron
con la respuesta de Tzimtzicha , quien ofrecía su amistad y obediencia a
Hernán Cortés, y un cargamento de presentes para este, a cambio de un
enorme perro lebrel propiedad de un español llamado Francisco
Montaño.
En Michoacán se sentía en el ambiente la desolación, la duda se
reflejaba en todos los rostros, en los jóvenes ardía el patriotismo, y
los viejos estaban resignados pues sabían que un rey como Tzimtzicha sin
ambiciones los llevaría a un final catastrófico como el de los
mexicanos.
Pero en medio de la confusión hubo una mujer que se alzó por su coraje
que guardaba dentro de sí un amargo odio hacia los españoles, esta era
la hija de Timas, el principal consejero del rey.
"y
la llamaron Eréndira, que significa risueña, pues su constante sonrisa
imprimía un sello de malicia y burla".
Muchos guerreros codiciaban a esa hermosa virgen morena, más ninguno
conseguía de ella más que una sarcástica sonrisa, uno entre ellos,
Nanuma, el jefe de todos los ejércitos estaba enamorado de ella, y la
amaba con el amor más puro, no sólo porque fuera bella, sino por la gran
inteligencia e ingenio de ésta.
Pero Eréndira no amaba a nadie y esto era debido a que tenía un amor
más grande que cualquier otro, amaba los llanos, amaba las montañas de
su Michoacán, amaba su aire y su cielo, sus lagos y sus campos, Nanuma le
hablaba de amores:
-Dime, ¿Por qué no comprendes que soy quien más te ama en el mundo?-
-Porque
no quiero tener un dueño.- respondía la doncella con su sonrisa
irónica.
-Oh¡
siempre desdeñosa, siempre con esa eterna sonrisa altiva en los labios.-
Contestaba Nanuma.
Más ¿cómo podía pertenecerle a alguien más de lo que le pertenecía
al viento y a los árboles ?, ¿ para qué jurarle a alguien una amor
eterno si ya le había jurado a su patria defenderla?, ¿cómo entonces
podía olvidarse de esa tierra que tanto amaba ?
Días después un acontecimiento hizo al pueblo olvidarse de las dudas,
aunque según el pidecuario; ritual de los sacerdotes tarascos, no había
ninguna fiesta por esas fechas; se celebraría un acto solemne a Xaratanga
, vengativa e inexorable diosa de la luna, en el gran templo.
Llegó entonces la hora que los tarascos llaman Inchantiro, la hora en que
el sol desaparece debajo del horizonte, y la luna se levantó como un gran
disco hasta llegar a su lugar debido y entonces se presentó en todo su
esplendor. Mientras, las quiringuas dejaban oír su melancólico canto.
La gente se apiñaba en silencio, cuando el rey y su comitiva hicieron su
entrada y tomaron asiento, un sacerdote entró en el santuario.
Un grito jamás oído antes desgarró el silencio de la noche, llenando
los corazones de todos los presentes de terror, los discordantes alaridos
resonaban intermitentemente. El sacerdote volvió a salir y le seguían
cuatro guerreros que llevaban atada a una bestia que jamás se había
visto en aquel país, que infundía pánico con sus endemoniados ojos y de
cuyas fauces salía aquella voz tan aterradora que hiciera a la
muchedumbre temblar.
La fiera luchaba por liberarse, en sus ojos asomaba la ira y su hocico
vertía espuma, cuando la luna se ostentaba ya arriba del horizonte
cesaron los ladridos y pusiéronle los sacerdotes en la piedra de los
sacrificios; el sacerdote pálido sacó su cuchillo labrado de obsidiana y
jade, lo hundió en el pecho de la bestia y rápidamente sacó su
corazón.
Eréndira se volvió hacia Nanuma y le dijo:
-¡Hoy es la bestia y mañana serán los españoles los que mueran así!
entonces yo seré tu esposa.-
Nanuma difícilmente podía creer lo que había escuchado.
Eréndira se encargó de infundir valor a las princesas y a los capitanes
del ejército burlándose de los españoles, sembraba en cada persona que
la escuchaba el patriotismo que ardía en su ser. En una ocasión que pudo
hablar con Nanuma le dijo:
- Tú eres el que derrotará al ejército de los invasores, y cuando
regreses victorioso, yo seré tu recompensa.-
-¿Y
si fallo?- preguntó el guerrero.
-
Iré a llorar sobre tu sepulcro y sembraré en tu yácata las más
hermosas flores de nuestros campos.-
Esta
idea hizo temblar a Nanuma .
-
No te preocupes entonces que yo lucharé hasta morir.-
-
No nos rendiremos, porque somos más grandes y fuertes, ¿No nos han
protegido los dioses siempre? ¿No vencimos con ingenio las dos veces que
los mexicanos quisieron conquistar este país? ¿No es verdad acaso que
Curicaueri al principio de los tiempos hizo al hombre de barro, más
éste se desbarató al entrar al agua, no lo reconstruyó entonces de
ceniza pero queriendo que tuviera más consistencia, no formó a nuestros
hombres de metal? ¿No son tus guerreros de metal, Nanuma? ¿No se
convertirán en mujercitas al enfrentar a los invasores? No tengas piedad
entonces Nanuma cuando estés allá en el campo de batalla, pues sé
que eres tú el más valiente de los guerreros y llevarás a nuestro
ejército a triunfar sobre los invasores y resguardar la grandeza de
nuestro imperio.
Una mañana marcharon las tropas del ejercito michoacano por as calles de
Tzintzúntzan, a la vista de Tzimtzicha quien estaba inquieto por el
resultado de la guerra que aquel ejército estaba a punto de iniciar.
Hernán Cortés envió a su ejército a encontrarlos comandado por
su más valiente capitán Cristóbal de Olid.
La guerra se desencadenó en la ciudad de Taximora que había sido tomada
por el ejército tarasco, quienes caían valientemente frente al hierro
del enemigo. Aquellos que no se sacrificaban en la lucha desigual quedaron
mudos de espanto al oír los disparos de los españoles y emprendieron una
vergonzosa fuga para lograr su salvación.
Nanuma y otros nobles fueron los mensajeros de la vergonzosa derrota.
Eréndira decepcionada se volvió sin evitar que dos lágrimas se
derramaran sobre sus mejillas.
En vano quiso Nanuma hablar con Eréndira,
- Dime entonces ¿Qué debía hacer? -
-
¡Morir!, los españoles te ensañarán pronto el oficio de los hombres
que no saben morir por su patria.-
Timas habló entonces a los hombres que lo rodeaban, y aquellos que
estaban decididos a defender su patria hasta la muerte, juraron
hacerlo y armándose de hondas y flechas fueron al templo, a las mujeres y
a los niños se les ordenó huir a los montes, mientras tanto ellos
esperaban la venida de los invasores.
Cristóbal de Olid y su ejército entraron a la ciudad, mientras de un
millar de hombres comandados por Timas esperaban en el templo, Tzimtzicha
se había rendido ya ante Olid cuando el grito de guerra se oyó en toda
la ciudad.
Heroicamente lucharon Timas y los defensores del templo, más el enemigo
era por varios miles más numeroso. Cristóbal de Olid envió al combate a
todas sus huestes que barrieron con todo lo que quedaba de los
purépechas, algunos lograron escapar huyendo hacia el monte.
El ejército de Cristóbal de Olid revisaba los cuerpos buscando los
cadáveres de los españoles.
El manto de la oscuridad se fue disipando hasta la llegada de la luz, que
dejaba ver la ruina.
El suelo estaba tapizado de muertos en su mayoría de purépechas, junto
con mexicanos y tlaxcaltecas que venían con los españoles y los
cadáveres de estos últimos ; había llegado el ocaso de una de las
culturas más grandes de América , tras la muerte valiente de los
michoacanos.
Quizás en algún futuro, los descendientes de aquellos valientes hombres
conocerían la razón por la que perdieron la vida por un pedazo de tierra
donde vivían libres, quizás sabrían de la grandeza de Michoacán.
Fuente
consultada
Cuentos
y leyendas americanas
http://www.geocities.com/Athens/Forum/6413/leyendas/leyendas.html
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