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Amon
Si
importante era el alma universal de Tot, Amón se convirtió en el rey de
los dioses desde la capitalidad de Tebas, en el dador del poder divino a
los faraones y en el dios único y oficial de Egipto, reemplazándose
desde el trono el culto al cansado y debilitado Ra en el transporte del
disco solar a lo largo del arco celestial. Amón, con un criterio
coherente con la importancia del astro solar, pasó a ser el dios de la
vida, de la creación, de la fertilidad. Cuando desaparecía en el cielo
visible, Amón pasaba a iluminar la noche de los muertos, el otro lado de
la vida. Después, con el reinado de Amenofis (auto-rebautizado Ajenatón),
Amón fue sustituido por Atón, un derivado del dios creador, Atum, que de
dador de la vida original, fue a convertirse en la representación del sol
de Poniente y de allí, por voluntad del faraón, en el dios único. Pero
aun cambiando de nombre seguía siendo el mismo dios solar, y poco costó
-a la muerte del herético rey Ajenatón- devolverle el viejo nombre y las
antiguas atribuciones, para recuperar su identidad inicial de Amón y
rebasar los límites del imperio egipcio, siendo adoptado como dios
supremo en los pueblos colindantes de Libia, Nubia y Etiopía, convirtiéndose
en dios oracular en su gran templo situado en medio de las arenas desérticas
de Libia. El gran Amón, casado con la diosa Mut, tuvo un hijo, Jons, que
pasó de ser una divinidad lunar secundaria, a convertirse en permanente
acompañante de su padre en las diarias travesías a bordo de la barca
solar. Con Mut y Jons, se completa el panteón tebano y se cierra por
completo la sagrada trinidad de los dioses de Tebas, a semejanza del trío
formado por Osiris, Isis y Horus.
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