La cultura europea, cuyos orígenes se remontan
a las antiguas civilizaciones mediterráneas considera a Teofrasto y
Linneo padres de la orquideofília. Teofrasto vivió en Grecia entre los
siglos III y IV antes de Cristo, filósofo griego, discípulo de Platón
y Aristóteles, contribuyó al desarrollo de la lógica y la taxonomía
botánica. Linneo a mediado del siglo XVIII, marcó el comienzo de la
sistemática moderna de toda la familia de las orquídeas.
Dícese que las orquídeas anteceden al hombre, hay mucha disensión en
cuanto al tiempo en que surgieron los únicos fósiles que se poseen,
éstos datan de hace unos dos millones de año. El ejemplo más antiguo
se conserva fue encontrado en la ciudad de Verona.
Durante la época del descubrimiento de América se encuentran estas
gemas de la naturaleza y es así que en el año 1731 aparece la primera
orquídea tropical en un invernadero europeo, fue una planta de Blaetia
verecunda procedente de las Bahamas, recolectada por Peter Collinson
enviada al Señor Wager en Inglaterra.
Los países de Inglaterra y luego Holanda y Bélgica en el siglo XVII,
fueron los principales lugares de entrada de orquídeas en Europa, a
partir de entonces se sumaron otros países lanzando a la casa de estas
preciosas plantas a cazadores, recolectores, grandes magnates,
famosos investigadores y avispados comerciantes, de esta manera
llegaron a las orquídeas, enriqueciendo la escena orquideológica mundial.
El comienzo de nuestro siglo rebasó todos los excedentes de los anteriores,
la cotización de los primeros híbridos. Los exorbitantes precios
pagados por un ejemplar único, los testamentos dementes que imponían
la destrucción de las colecciones para privar a las generaciones futuras
del placer de gozar de estas maravillas.
Todo esto es hoy un recuerdo registrado en los libros, ya que la investigación
científica ha resulto los secretos de la hibridación, siembra y cultivo
poniendo al alcance de todos, el disfrute de estas excelentes gemas.
Parece imposible que Literatura, Farmacia,
Cosmetología, Cocina,
Artesanía y la investigación científica
converjan en una sola flor.