CULTURA

 COSTUMBRES Y CREENCIAS
 POESÍAS  LEYENDAS
 ADIVINANZAS  COPLAS

COSTUMBRES Y CREENCIAS

 AGUARIBAY  ALGARROBO  MATO
 CACTUS  INCAYUYO  SAUCE CRIOLLO
 QUEBRACHO COLORADO QUEBRACHO BLANCO
 ESPINILLO  SOMBRA DE TORO  JARILLA
 LAGAÑA DE PERRO  PICHANA  TUNA

 

 AGUARIBAY.

Como en la época de floración es frecuente , en el hombre del campo, que sufra los efectos de la flechadura, es costumbre  que los que andan en el trabajo de la madera de este árbol se les hincha y se les llagan los pies; es por eso que antes de comenzar con el hachado se persignan y hacen el primer corte en cruz.

Es  creencia que atrae el rayo. Otros creen que es árbol bendito, porque su follaje dura todo el año. En invierno es cuando está más verde. Y se cuenta que sus ramas protegieron, dando sombra, al Niño Dios, cuando huía con la Virgen.

 ALGARROBO.

Cuando el algarrobo “llora” anuncia lluvia y tormenta.

                                                                        Creencia popular

 MATO.

Quizás los antiguos habitantes de las sierras del norte conocían otros usos y virtudes del mato , quizáslo veneraban como un regalo de la tierra , madre bondadosa y benefactora , y por eso elegían como hogar los sitios donde abundaba  como el Cerro Colorado .

 CACTUS.

Y según los viejos pobladores, los cardones son indios convertidos en plantas que aún vigilan los valles y los cerros para que sus moradores vivan felices y no sean perturbados por extraños .

 INCAYUYO.

En Catamarca, la gente de campo recoge manojos de incayuyo en Viernes Santo, y los coloca en la quincha del rancho, para evitar que entren las enfermedades y las tentaciones.

Se cree que era una de las plantas medicinales que los incas utilizaban y venían a recoger   a estas tierras.

 MISTOL.

La gente del campo dice que el mistol anuncia las lluvias, segregando por la corteza una goma o resina . Esto para ellos es infalible.

 QUEBRACHO COLORADO.

Se dice  que para que el quebracho no fleche es necesario hacerse amigo del árbol, saludarlo ceremoniosamente; y para curarse una vez que el quebracho ha flechado, el paciente hace una tortilla de ceniza y la coloca en la parte más alta del quebracho, atada con un hilo colorado, como símbolo de amistad, y le pide que le saque la enfermedad que le ha producido 

 QUEBRACHO BLANCO.

Como la hoja es amarga y la come solamente el loro,  se cree, por eso,  que su carne es amarga. Es costumbre, para obtener una buena cosecha de algún cereal, hacen, en las encrucijadas de los caminos que van a los ranchos, cruces con ceniza de quebracho blanco, sobre las cuales se colocan, en la misma forma, mazorca de maíz con chala.

 SAUCE CRIOLLO.

Tiene   fama  de  serio. Alrededor suyo  y  de  su  hermano  el llorón  con el  que muy  a menudo  se lo confunde , el cancionero  popular  teje  amores  y escenas reflexivas. Recordemos , como al pasar , aquella confesión  de  R.Valladares: “Bajo este sauce solo,  yo te he querido,  y se ha quedado  el sauce tan pensativo...” 

ESPINILLO.

Se cree, es la planta de las novias: en el campo, cuando las muchachos están por contraer matrimonio, antes de su casamiento recogen ramillete de hoja de tusca y la depositan en la imagen del santo al que le tienen fe. Creen que traerá suerte a los novios.Si se casan en la época de floración, recogen las flores y adornan hasta las crines de los caballos en que van montados.

SOMBRA DE TORO.

Los campesinos creen que es un buen meteorólogo: cuando sus hojas se cierran, anuncian lluvias. Cuando hay tormentas eléctricas es buscado para cobijarse bajo su copa, porque creen que es un árbol bendito al que no tocan jamás los rayos ni los arrancan los viento ; tampoco los afectan las sequías ni las heladas, porque llevan en cada hoja una cruz.

Se cree que el que duerme debajo de su sombra muere envenenado.

 JARILLA.

Es creencia de mucha gente que la cuida el diablo, porque ante todo el paisaje desolado. Abrasado por el sol, ella se mantiene en su tono alegre y  este contraste  tan paradójico ha dado ha pensar de que sólo el diablo puede hacer una cosa de esta índole. 

 LAGAÑA DE PERRO.

La gente de campo dice  que frotándose los ojos con las flores, produce lagaña, y que se ven de noche lo que ellos creen que ve el perro: aparecidos, almas en pena, o el diablo. De allí su nombre.

 PICHANA.

Está la creencia que al animal doméstico que ha sido mordido por una víbora le atan un collar de gajos de pichana, para curarlo.

La gente de campo cree que si se castiga a un caballo con ramas de pichana se le atajan las aguas, porque con ramas de esta planta castigaron a Jesús, y aún las flores despiden olor a sangre.

 TUNA.

Dicen que si la penca es mordida por una víbora muere en el acto.

POESÍAS

UN ALGARROBO MI PATIO

NO ME DEJES PARTIR VIEJO ALGARROBO JILGUERO  CARPINTERO
ARBOL DE PIE EL ALGARROBO HORNERO

 

No me dejes partir viejo algarrobo                                                                            

...No me dejes partir viejo algarrobo  
levanta un cerco con tu sombra buena  
‘Atame a la raíz de tu silencio  
donde se vuelve pájaro la pena...  
                                         Atahualpa Yupanqui  

           

El algarrobo

Es el algarrobo  
árbol único sagrado  
como sentían sanavirones y comechingones,  
refugio seguro, nido...  
aún ahora para nuestros niños norteños,  
es el árbol con mayúsculas  
con su verde ropaje y sus flores purpúreas  
que les da sombra, alimento  
con sus vainas marrones, doradas  
de interior azucarado...maderas.  
Cuando la maestra rural pide  
el nombre de un árbol,  
le contestan al unísono ¡Algarrobo!  
¡Hospitalario algarrobo  
para la niñez de mi patria!  
 

      Lila A. Velazquez de Saravia.  

   

Árbol de Pié

Arbol de pié como un gigante  
cubren tu mirada tus hojas,  
buscas en el oscuro cielo  
estrellas refulgentes perdidas.

Te elevas como vuelo de pájaro  
adornado con sus plumas,  
como barrilete de ensueño  
suspendido en el azul vacío.

Arbol sinuoso callado y altivo
tañen tus maderos cual campana  
llamando a silencio,  
enrtra en mi corazón  
con un susurro ligero,  
como murmullo de mar  
inacabable y triste.  

Arbol de oscuro ramaje  
que hinde el azul del cielo,  
eres imagen severa,  
espejo de lamento hondo  
en busca de olvido.  

Remarca tu follaje un sendero  
buscando costa y piedra,  
te ausentas en un vacío  
de llanura verde  
y remonta tu sombra  las aguas  
de un torrentoso río.

Arbol sin voz ni trino  
tienes amortajada tu boca,  
cerrados tus ojos en extravío.

Tu muda soledad es tu savia  
nutriendo tu desconsuelo.  
Plantado sin memoria  
vives ya ausente,  
olvidados los resabios  
de lo que ayer fuera alegría.

Toca a vacío tu latido  
cuando en el cerro,  
 tu perfil en fuga,  
oscurece tu silueta y tañe el tambor  
su son de  tristeza y duelo.

                                    Andrés Py

                               25/6/97 Cruz del Eje                    

                                  

Un algarrobo en mi patio

Alli está, como un alerta centinela  
acaso un enigma su presencia quieta,  
un viejo algarrobo.  
de coloraciones sombrías  
su silueta asciende a cielo abierto.  

Su desnudez invernal no lacera  
su estoica alma de madera.  
En mi amplio patio, el guerrero permanece.  
De agrisados verdes, su redonda copa  
cubre paternal su oscuro andamiaje.  

Cubierto de años ya en mi mocedad,  
mi regocijo se abrió a su amparo.  
Abatió lustros con su savia  
cubriendo de ropaje su cuerpo y sus pies bajo la tierra.  

Cuando lo contemplo  
adivino su esplendor de vida.  
Pero algo terrible alerta mi corazón .  
Pienso en el hacha  
que en las manos del hombre  
golpe tras golpe no escuchará mi ruego,  
y allí con mi silencio abierto  
reinvindicaré historias de luchas e indios  
que bajo su sombra su ramaje vió pasar.

Mientras , allí está, desde mi ventana  
el algarrobo enmarca un paisajístico cuadro.  
Desde infinitos ángulos, lo contemplo.  
Mi cálculo no sabe edad que galopa en retirada.  

Late junto a mi por el tiempo y sentimiento,  
con idéntico pulso, unión que me ubica hasta  
la arcana distancia que solo el transcurrir de años  
pueda llevarme hasta el fin,  
que no quiero ponerme a pensar. 

                                   Andrés Py

                    25/6/97  Cruz del Eje                                                     

              

 

El Carpintero

E l maestro carpintero
de la boina colorada,
va desde la madrugada
taladrando su madero.

No corre en el bosque un soplo,
todo es silencio y aroma.
Solo él monda la carcoma
con su revibrante escoplo.

Y a ratos, con brusco ardor, 
bajo la honda paz celeste,
lanza intrépido y agreste 
el cnato de su labor. 

               

 

El Jilguero

En la llama del verano
que ondula con los trigales
sus regosijos triunfales
canta el jilguerillo ufano.

Canta, y al son pergrino
de su garganta amarilla,
 trigo nuevo de la trilla
tritura el vidrio del trino.

Y con repentino vuelo
que lo arrebata, canoro,
como pavesa de oro
cruza la gloria del cielo.

 

                 

 

El Hornero

La casita del hornero
tiene alcoba y tiene sala.
En la alcoba la hembra instala
justamente el nido entero.

En la sala, muy orondo, 
el padre guarda la puerta, 
con su camisa entreabierta
sobre su buche redondo.

Elige como un artista
el gajo de un sauce añoso
o en el poste rumoroso
se vuelve telegrafista.

Allá, si el barro está blando,
canta su gozo sincero,
yo quisiera ser hornero
y hacer mi choza cantando.

Así le sale bien todo,
y así, en su honrado desvelo,
trabaja mirando al cielo
en el agua de su lodo.

La trabaja en paja y barro,
lindamente la trabaja,
que en el barro y en la paja
es arquitecto bizarro.

La casita del hornero
tiene alcoba y tiene sala.
En la alcoba la hembra instala
justamente el nido entero.

Concluyó el hornero su horno
y con el ultimo toque
le deja áspero el revoque
contra frío y el bochorno.

Y cuando acaba jovial
de arreglarla a su deseo
le pone con un gorjeo
la vajilla de cristal.

                            Leopoldo Lugones

 

LEYENDAS

LA LEYENDA DEL ALGARROBO

LA LEYENDA DE LA ALGARROBA
¿QUIÉN CONOCE LA HISTORIA DE AMOR DEL COYUYO Y LA FLOR?

CARDÓN

CLAVEL DEL AIRE 

QUEBRACHO COLORADO
EL CACTUS
CRESPÍN
CACUY
LAS ALMAS EN PENA DE TALAYACO
El indio de la carga de oro   
EL CANAL DEL CAJÓN
EL PERRO DIABLO
LA NIÑA DE LOS CABELLOS DE ORO
LA VIEJA CON UN PUNTO MÁS QUE EL DIABLO..

    LA LEYENDA DEL ALGARROBO

    Esto sucedió hace mucho tiempo, en la época en que los españoles comenzaron la conquista de estas tierras en América.  
  Un día, los indios comenchigones, muy asustados, vieron que unos hombres de piel blanca, cargados de armas, avanzaban sobre ellos. Venciendo su temor, los hombres del cacique comechingón Ipachi Naguan lucharon contra los hombres blancos.  
  La lucha fue larga, y el hambre y el cansancio fueron debilitando a los comechingones.  
  Ipachi Naguan, entonces, decidió guiar a su pueblo hacia un bosque de algarrobos y allí pidió a los dioses que protegieran a sus mujeres y niños.
  En un momento, todo pareció perdido, pero entonces sucedió lo inesperado.  
  Las ramas de los algarrobos comenzaron a sacudirse y desde las alturas cayó una lluvia de frutos que se abrieron y dejaron ver sus semillas.  
  Esas algarrobas fueron el mejor alimento para los indígenas, que comieron hasta hartarse.  
  Después se sintieron con más fuerzas, volvieron a la batalla y vencieron a los españoles.  
  El fruto del Algarrobo había salvado a los habitantes de esta tierra.
                                                                                           Anónimo      

   La Leyenda de la Algarroba

  Hace mucho tiempo en los Andes, vivieron los antepasados del pueblo quichua, amaban la tierra y el cielo, toda la vida tenía un orden y un significado.

Las maravillas de la naturaleza eran valoradas y sus frutos laboriosamente resguardados.  
Creían que los dioses les regalaban las lluvias y los vientos con los que viajaban las aromas de las flores.  
Adoraban al Sol, al que llamaban Inti.  
Y a la Madre Tierra llamaron Pachamama.  
A ella ofrendaron sus semillas y sus bienes más preciados en los altares de piedra construidos al costado del camino llamados apachetas.
 Soy el aire.  
La luz  del Sol.  
La brisa que abraza  
la dulce flor.  
  Pachamama,  
Tierra buena que regalas  
nuestra siembra, nuestros árboles,  
nuestros ríos, nuestro hogar.  
  Pachamama,  
Tierra buena, no olvidamos,  
Trabajamos y cantamos  
y tus frutos cosechamos.  
Los niños crecían felices y los jóvenes aprendían las artesanías y la música de sus padres.  
Todos trabajaban la tierra, que en la llanura era fértil.  
Las siembras y las cosechas seguían el ciclo de las estaciones.  
Los sabios caciques enseñaron lo importante que es almacenar parte de los frutos recolectados y cosechados.  
Pero algunos, al ver tanto alimento guardado, pensaron que no era necesario trabajar todos los días y descuidaron su tareas.  
Inti, entonces, envió sus más fuertes rayos, el calor arrasó con los sembradíos y los ríos se secaron.  
El alimento que habían guardado no alcanzó para tantos días de sequía.  
La desolación cubrió sus llanuras y el hambre oscureció sus rostros.  
  Sol de fuego  
    que calcina
    muere el llano  
    y la vida.  
  Sol de fuego  
  muele piedras,  
   lloro el destino  
    de mi tierra.  
Una de las indias llamada Urpila corrió a la primer apacheta de camino a pedir protección a la Madre Tierra. Lloró y prometió no olvidar sus dones y las leyes que los sabios caciques enseñaron a su pueblo:
Pacha Mama, llama Urpila !  
Madre mía, Tierra mía,  
cuanto tiempo nos llevó  
darnos cuenta del error.  
Tantos días olvidamos  
que en tus manos caminamos.  
Escucha madrecita  
mi ruego, mi sollozo.  
En tu vientre fecunda el gozo,  
del trabajo y del amor,  
que este pueblo aprendió  
a recordar en sus sollozos.  
  Cerca de allí  había un árbol con grandes ramas retorcidas, que se elevaban al cielo como una súplica.  
   Quedó Urpila dormida bajo su sombra y soñó que la Pachamama le hablaba:  
- No desesperes mujer, la vida renacerá y la tierra volverá a brindar sus frutos. Recoge las vainas de este árbol, con ellas tu
 pueblo calmará el hambre y la sed.
Al despertar Urpila, grande fue su desilusión a su alrededor todo estaba igual que antes.  
Entonces recordó al árbol y sus frutos. Levantó los ojos hacia las ramas y vio las vainas doradas que caían, llenando su corazón de esperanza.  
Juntó todos los frutos que sus brazos podían contener y corrió hacia sus hijos para repartir el nuevo alimento.  
Desde entonces el pueblo venera a los algarrobos a los que llaman: Árbol, que les brinda la dulzura de sus frutos y la frescura de su sombra.  

¿Quién conoce la historia de amor del coyuyo y la flor ?

Para ser leído a los niños

  Había una vez un mozo  
que vivía en la montaña  
donde sopla la fresca brisa  
conde cantan dulces las cañas.

 Había una vez una niña
que vivía en la laguna  
que su pelo lucía  
y su carita como la luna.

 El mozo le cantaba al cielo
a las estrellas
 
al valle  
y a la montaña.

 Todos los días sacaba
su sien y su violín
 
al viento donaba notas  
y al sol lo hacía salir.  

 Corría entre las piedras  
como un cabrío saltarín  
hasta  que un día vio en la laguna  
reflejada a la dulce luna.  

 - ¿Pero si era de día ?,  
el mozo se preguntó  
- ¿cómo la luna podía  
pararse donde estoy yo ?  
 - Soy la princesa Tacumisqui  
mucho gusto señor  
vengo del Valle Hermoso  
¿cómo te llamas vos ?  
 - Soy el hijo de la tierra  
de los Tulianes vengo yo  
camino con el viento  
Y mi casa es una canción  
 Vamos linda princesa  
a ver el atardecer  
al Calabalumba  
donde me vieron nacer.  
 
Debo irme amigo mío  
con mi padre que me espera  
esta noche me casarán  
con alguien a quien no quiero.  
 No te vayas mi cusiya  
Escapemos a los cerros  
en los montes de algarrobos  
allí podremos escondernos.  
 Corrieron los enamorados  
y el monte los cobijó,  
pero el padre de la novia  
muy pronto los encontró.  
 - ¡Hija mía ¿ Cómo puedes  
irte con un simple leñador ?  
- Padre ! él es músico  
y me ha tratado como a una flor.  
 Muy enojado el padre  
a los jóvenes conjuró:  
 - si quieres irte hija mía  
tu destino será el de ser flor  
y que tu mozo se convierta  
en un insecto trovador !  
Allí estaba un algarrobo  
que todo lo escuchó,  
a él subió la dulce niña  
y en él se volvió flor.  
 Al hijo de los Tulianes  
la tierra se lo tragó  
y todas las primaveras  
trepa buscando a su amor.  
 Trepa al amigo Algarrobo  
que guarda su valiosa flor.  
 Canta entonces el coyuyo  
anunciando todo el dulzor  
que en la vaina de algarroba  
la niña ofrece a su amor.  
                                                        LUCÍA  MIRIAN ARANDA  

   CARDÓN

“Cuenta que la flor fue la hija de un curaca  a quién sus padres no consistieron que se casara con un indio, por la diferencia de clases. Los amantes se fugaron y pidieron protección a la Pachamama, quien les abrió un pliegue de su manto de tierra y allí se cobijaron. Pero al tiempo se convirtieron en cardón. Y cuando las nubes se tornan oscuras y los cerros retumban en cada trueno, la flor blanca se abre bajo el poncho verde del cardón y asoma para lavarse la cara y mirar la tarde sin sol”.

Y según los viejos pobladores, los cardones son indios convertidos en plantas que aún vigilan los valles y los cerros para que sus moradores vivan felices y no sean perturbados por extraños

 

   El  cactus

Dicen  que antiguamente cuando la llegada de los españoles del descubrimiento y la conquista, los pobladores indios que vivían en la tierra, fueron combatidos, aprisionados y vencidos por los conquistadores. Los pobres indios con sus flechas y sus lanzas no alcanzaban    a parar los ataques de los blancos, y poco a poco fueron dominados.

Por eso los cactos desparramados por nuestro suelo, como aquí en Córdoba los grandes péncales de Pocho, Minas, Sobremonte, Tulumba, Río Seco y Totoral, son los pobres indios que petrificados para siempre  quedaron como centinelas del desierto, parados, enhiestos entre el páramo, áspero y desnudo. Son sus almas que quedaron para siempre, petrificados como eternos vigilantes y como testigos de lo que fue la lucha por su tierra en los lejanos tiempos de los conquistadores.

   CLAVEL DEL AIRE

“Cuentan por el Noroeste Argentino, en tiempos de la conquista, un español se había enamorado de una india, hija de un cacique calchaquí,  pero el español era  rechazado por ella cada vez que se acercarle  a confiarle su amor. Y como del amor al odio hay tan solo un paso comenzó a perseguirla implacablemente. Y una tarde que la halló sola  cuidando un hato de cabras, se acercó sigilosamente, ella cuando lo vio comenzó a correr. Llegó un momento en que al frente de ella sólo tenía un árbol y el abismo. Desesperada se encaramó  en el árbol. Cuando llegó le pidió buenamente que bajará, que la respetaría. Ella, obstinada y pensando que no cumpliría su palabra, subió hasta las últimas ramas y allí  quedó, meciéndose con el viento de la tarde, entre el abismo y la montaña. El  hombre, al ver que no podía subir para bajarla, sacó un cuchillo y la amenazó. Menos aún pudo lograr lo que quería. Entonces él, con rabia, le arrojó el cuchillo, que se clavó en el corazón de la ñusta, quién bajó los brazos, dobló la cabeza, y como una paloma muerta cayó al abismo. Flotó un instante en el azulado aire de la tarde y se posó, allá en el fondo, en las ramas de un copudo algarrobo. Hasta allí llegó corriendo el hombre, que la buscaba desesperadamente, y que vio que donde había caído la indiecita aparecía una flor blanca nacarada, símbolo de virginidad y pureza, cuyos pétalos apenas latían como el titilar de una estrella.”          

  EL QUEBRACHO COLORADO

Hay una leyenda indígena, que dice el porque de la flechadura de este árbol:

El  quebracho era tan perseguido por el hombre, que un día se presentó ante el demonio en busca de protección. Este le dijo que es difícil evitar la destrucción que produce el hombre cuando va en pos de un beneficio para él; pero que le daría  el poder  de una venganza para castigarlo cuando busca viciosamente la destrucción del árbol. “Cada vez que venga con esas intenciones, dejas  caer las babas que desde  hoy posees, las que producirán llagas y ronchas difíciles de curar. Y así evitarás tu destrucción”. Así lo dijo, y desde entonces así fue.

   crespín

  Era el año séptimo de la era de los grandes jefes cazadores. Mi padre eligió un buen hombre para mí. En mi familia se seguía esa tradición, pero mi padre me quería tanto que me prometió que no me casaría con alguien que yo no aceptara. Y la verdad fue que cuando mi padre me entregó a Crespín, el primer hijo del gran jefe Wari, me enamoré de él, era lindo, alegre y trajo nuevos vientos a mi  tribu.

Nos enseñó nuevas siembras y a utilizar la algarroba de otras distintas maneras  de como lo hacía mi gente. Era también un gran cazador y honraba a los animales del monte. Me decía siempre que no había que derrochar la vida, que a los animales los protege Llastay y que tienen un espíritu como nosotros.

Un día , un triste día, nos avisaron que los hombres debían partir al Cerro Sagrado porque se estaba acercando el pueblo de Cocayán que era muy belicoso. En otras ocasiones fueron expulsados de nuestras tierras, pero cada tanto volvían a intentar invadirnos.

Crespín, junto con los demás guerreros, viajaron al norte. Las mujeres debíamos esperar y cuidar las familias. Pero yo no pude esperar más. No podía imaginar que mi esposo me necesitara y yo no estuviera a su lado.

Sentí un gran impulso de irme. No se si hice bien. No podía controlar esa tremenda necesidad de buscar a Crespín, así que dejé a nuestros hijos en una  casa al este  de la aldea con la Uñapa maman, cargué gualuncho y charque y fui al Norte. Claro que no era camino para una mujer y menos sola como andaba.

Por suerte todo lo que aprendí del monte me ayudó a sobrevivir. Aprendí a quedarme quieta, casi sin respirar. Al subirme a los árboles y a meterme entre las tuscas. A comer semillas y raíces y a buscar agua.

Un día llegué la Cerro Sagrado. Conocía ese lugar por los relatos de mi padre, pero verlo fue extraordinario. Al atardecer el Cerro tenía destellos de colores que se reflejaban en el río coronado de piedras lisas donde los ancianos enseñaron a hacer los hoyos y a preparar aloja.

Me deslicé como un chelco, me sumergí como una tortuga y salté como una rana para que nadie me viera.

Ninguna mujer podía estar allí y menos en tiempo de guerra. Cerca encontré un tala viejo y subí lo más alto que pude esperando ver los guerreros.

Al atardecer los vi volver agotados, hambrientos. Estaban recogiendo a los heridos para regresar.

Habían vencido nuevamente.

Habían defendido  a nuestra gente.

Y yo estaba allí esperando ver a Crespín. Uno de los caciques lo llamó, me sobresalté, esperé, casi no respiraba pero mi corazón saltaba de emoción. Escuché que lo habían visto pe pelear ferozmente en los matorrales de las siete cascadas pero nadie lo volvió a ver y hacía varios días que lo buscaban.

El conocía bien los secretos del monte.  
El hablaba el idioma de los animales .  
El entendía la música del viento...  

Debía volver.  
Yo seguía inmóvil sobre el viejo tala .  
Todos se fueron...  
Ya había amanecido cundo me despertó la brisa de esa increíble mañana en que salté al vacío.  
Mi cuerpo liviano flotaba entre las ramas. Cambié el horizonte una y otra vez hasta que comprendí que estaba volando !  
Han pasado mil  años y todavía te busco...  
Mi voz te llamará siempre, mi amado Crespín.

                                                                                 LUCÍA  MIRIAN ARANDA

                                                                                                           11 / 98

  cacuy-

Cacuy, Cacuy !

Lo llamaba la mamá buscándolo por el monte, sabiendo  que él estaba escondido entre los espinillos y las tuscas, allí donde nadie puede llegar, mirando a los pájaros, tratando de imitarlos. Claro que era mucho más fácil levantar una piedra con su manita hábil, que husmear con el pico, pero los pájaros vuelan, ven todo y hasta ven de noche !

¡ Cacuy, por donde andai !

Ve  a cuidar a tu hermanita que llora !

Vamos ! Déjate de escondidas, Cacuy !

Había que salir del monte nomás.

Tenía que ir ver a la hermanita que llora...bah ! Como era la más chiquitita podía hacer lo que quería.

-¿Cuándo va a crecer la hermanita má ? Yo quiero jugar a ser pájaro...

Así que ahí andaba Cacuy, jugando a ser monigote. La hermanita sabía que a ella  difícil que la reten, así que hacía todas las travesuras que podía, además de molestar, arañar, patear y tirarle el pelo a Cacuy.

Mamá y papá estaban ocupados con los chanchos del corral habían escapados dos y estaban asustando al ternero que quedó atascado en el alambrado, también había que darle de comer a las gallinas y separarlas porque ya estaban echándose, y había que amansar el potrillo, limpiar la acequia, que del último temporal quedó tapada de hojas, arreglar el techo del rancho que se llovía, cosechar las brevas que ya estaban pintas, cortar leña para el horno ¡ Ufa ! Cuidar a la hermanita !...

Pasaban los días, toditos iguales como las gotas que caen de una canilla, tic-tic, tic-tic, y que en la siesta te hacen acordar lo lindo que es pasarla en el río todo el día, el día del río es una gota más grande y de colores, pero no, las gotas que caen de la canilla son todas igualitas , como los días.

Se estaba haciendo de noche y Cacuy estaba pensando en todas estas cosas, distraído había perdido de vista a su hermanita ciando un ruido lo hizo mirar hacia arriba y la vio trepada a la mora. Su ropa se confundía con el color del tronco.

- ¡ No, baja de allá, che !

¡ Baja inmediatamente o te voy a ... !

Baja, por favor. Mira lo lindo lo que tengo...¡ Mira

La hermanita subía y subía, parecía un tordo la mocosa y encima se reía y le decía:

- Cacuy ! Miá co subo !

Estaba por llegar a la última rama, Cacuy, trataba de alcanzarla pero su cuerpo más pesado no lo soportaban las ramas más altas, que eran más tiernas.

- ¡ Miá, Cacuy !

- ¡ No ! Por favor, baja !

Sabía que pasaría si la hermana caía desde esa altura. No, no podía caer, él la tenía que cuidar, era lo único que tenía que hacer, cuidar a la hermanita. No podía caer !

- Miá , Cacuy !

Ya no había ramas, el piecito quedó en el aire y vio como la hermanita caía.

El no podía alcanzarla y gritó:

- Volá, volá !

Después cerró los ojos muy fuerte y pidió . Pidió con todo su corazón.

El tiempo se había detenido, el aire era espeso, casi se podía acariciar, todos en el monte se habían callado. Entonces abrió los ojos y vio como la hermanita abría los brazos como alas y subía. Su vestido de color del tronco estaba hecho de plumas suaves y brillantes. Volvía a subir a la mora a la rama más tierna y más alta, alegre lo llamaba:- Cacuy, Cacuy, Cacuy.

              

                                                                        LUCÍA  MIRIAN ARANDA

                                                                   11-98

  LAS ALMAS DE TALAYACO

En el barrial, Talayaco (Tulumba) hay una salamanca, una gran cueva en donde se oye música, ruidos de cadenas, llantos de perros, carcajadas de mujeres y grandes bailes en la noche...

  Parece oírse  desde lejos la voz de alguien que invita a entrar, pero cuando uno se arrima no ve a nadie... sólo  se oyen los ruidos y tocar la música...

Dicen que esa cueva en otro tiempo era el refugio de gauchos malos que allí se escondían, porque era un lugar desde donde se dominaba el panorama, asaltando carretas y diligencias que pasaban por el  camino...

Por eso en ese lugar se producían asaltos, robos, asesinatos... Dicen que las luces que de noche suelen verse allí, son las almas de los finados asaltados, que andan vagando en pena...

  Estas almas en  penas suelen lanzar llantos y lamentos conmovedores, que en  el silencio de la noche se  agrandan, produciendo un terrorífico temor  entre los pobladores de los ranchos diseminados por la serranía y los montes, que ven a las luces como envueltas en tules, como verdaderas ánimas en pena...  

   EL INDIO DE LA CARGA DE ORO

  En el lugar llamado la Cueva de los Pajaritos, en San José, cerca de Cosquín, departamento Punilla (Córdoba), por la estancia  de Santa Rosa, junto al río del mismo nombre, dicen que ahí quedó incrustada entre las piedras de la montaña, la imagen de un indio que murió en el río ahogado, llevando una gran carga de oro.

  Venía del lado de la Piedra del zapato, en Capilla del monte, donde se había juntado el oro que llevaba a los faldeos de la Sierra de San Luis, en donde en tiempos muy lejanos había grandes lavaderos de oro.

  El pobre indio siempre hacía sus viajes con su carga y nunca tuvo desgracia alguna.

  Pero esa vez, primero le salió un león que lo atacó con fiereza pero no pudo matar al indio porque éste, gran baqueano, imploró al gran dios Inti, con un filoso puñal prontamente dio cuenta de este enemigo del hombre, tan fuerte y carnicero...

  El hombre indio siguió su viaje pero en medio del camino, cansado de pisar las piedras se sentó junto al río.

  Vino una gran tormenta de viento, agua y piedra ... El indio se defendió como pudo pero el viento y las aguas crecían hasta que lo arrastraron al río ... allí cayó el tesoro de oro y el pobre indio se fue al fondo del río para siempre...

  Pasó el tiempo y en el borde del río, al pie de la montaña apareció grabada en la piedra la imagen del indio mirando las aguas del río...

  En las noches sin luna, suele verse relumbrar desde el fondo de las aguas como un gran brillo, como si fueran luces submarinas...

  Por eso dicen que desde entonces el indio ha quedado grabado en la piedra esperando hallar el tesoro que un día se le desapareció entre las aguas.

 

  EL CANAL DEL CAJÓN

  Lo llaman el Canal del cajón porque es el río que pasa al pie de un cerro y va como encajonado, en el Totoral, departamento del mismo nombre, Córdoba.

Hasta allí nadie llega ni siquiera los animales porque se extravían. Aquel río es malo, dicen ...

Cuando se está por descomponer el tiempo, brama y anuncia que va a llover...

Dicen que una vez andaban los arrieros por el campo y uno de ellos se fue a ver si encontraba donde tomar agua; se separó de los otros y fue solo.

  Llegó al pie de aquel cerro donde el monte era muy espeso y encontró un canal, viendo que en la orilla había un negro. Aquel negro no se movía, según parece, y tenía en la mano un jarro de plata, y este arriero en vez  de quitarle el jarro de agua ; , tomó agua y se fue.

  Cuando se encontró con sus compañeros les contó lo que había visto.

  Ellos le dijeron que había sido un tonto por no haberle quitado el jarro de plata al negro.

  Entonces fueron todos adonde estaba el negro para ver si ellos podían quitárselo. Pero resulta que no pudieron llegar al canal porque éste se neblinó y empezó a bramar tanto que se volvieron, porque les dio mucho miedo.

  Desde entonces nadie  llega al pie de aquel “ceio” porque cuando alguien quiere llegar se neblina, se pone oscuro como de noche, o cuando está por descomponerse el tiempo, el canal brama con tal fuerza que se  descuelga una tremenda lluvia, que ahoga  a quien se acerca.

  Aquel era un encanto y era para ese hombre... pero lo dejó perder...

 

    EL PERRO DIABLO

  Dicen que por la zona de Jesús María (Colón), una vez una pobre mujer salió de su casa para visitar a su madre enferma..

  Iba caminando deseosa de llegar junto a su madre, cuando notó que salió a su encuentro, marchando junto a ella, un perrito.

  Lo espantó paro el perrito seguía a su lado marchando con ella hacia donde se dirigía.

  La mujer vio a medida que avanzaba en el camino el perrito crecía de tamaño. Ella atemorizada lo espantaba, paro el perro continuaba a su lado sin espantarse en lo más mínimo.

  Así llegó a la casa de su madre y ya entonces era un animal grandote y amenazador. Lo corrió con un palo y, entonces, el perro disparó lanzando carcajadas. Una de ellas decía:

-         Ja...ja..no vas a entrar...

-         La mujer decía que le alcanzó a ver al perro la cola del diablo...

Efectivamente, la pobre mujer antes de entrar en la casa se cayó dentro del pozo de agua y se ahogó...

  Desde entonces dicen que se muere todo el que toma agua de ese pozo, cuyas agua maldecidas tienen fuerte olor a azufre...solamente se salva aquel que toma agua el día viernes, a las tres de la tarde, e invoca al Señor en su Pasión.

 

  LA NIÑA DE LOS CABELLOS DE ORO

  En San Carlos Minas, Piedras Anchas, El sauce, Talainí (Minas), dicen que hace muchos años vivía por ahí una niña muy bonita, que tenía un hermoso cabello rubio y ondeado, y por ello, todas las mujeres le tenían envidia.

  Un buen día una señora fue de visita a su casa y al ver el cabello tan  hermoso de la niña, le dijo:

-         ¡Qué hermoso cabello!..  

-        Al otro día, de mañana, al levantarse temprano, notó que le faltaba  
    el cabello, pues durante el sueño se lo habían cortado.

  La curiosidad de los vecinos dice que son los duendes quienes durante la noche entran por el ojo de la llave. Dicen que los duendes son chiquititos y con un gran sombrero en la cabeza y que los ven bailar bailar , reir y dar vueltas en torno de la pieza mientras cortan los cabellos durante el sueño.  
 Así como a la niña le robaron los hermosos cabellos de oro, los duendes por el ojo de la llave penetran a las casa y hechizan  a las niñas hermosas entregadas al sueño, les roban sus encantos y las flechas con sus malos conjuros...
Dicen que estos duendes o duendecillos son los lobizones.

 

    LA VIEJA CON UN PUNTO MÁS QUE EL DIABLO...

  Dicen que en otros tiempos muy lejanos una viejita hablando con Dios consiguió que le ayudara a vencer al diablo en cualquier circunstancia, pues éste la perseguía sin dejarla respirar ni un solo momento.

  En una de esas una vez la vieja le hizo una apuesta al diablo. La apuesta era que tenían que hacer una cruz. El que la hiciera mejor y primero, ganaría.

 Muy apurado salió el diablo para el monte a cortar unos palos para hacer una cruz. Los cepilló, los cortó de la medida necesaria, para formarla.

  Quiso hacerla... ensayó muchas veces, pero resultó que no le salía, porque cuando quería poner las maderas en forma de cruz, hacía un tiro el diablo y explotaba para arriba, saltando muy lejos los palos para hacer la cruz. Los cepilló, los cortó de la medida necesaria, para formarla.

   En cambio la vieja, que ya en otro tiempo había hecho cruces para los finados de su familia, fue tranquilamente al monte, cortó las maderas, las cepilló y una vez juntadas en cruz las clavó y la cruz quedó formada.

  En esa forma la vieja embromó al diablo, y desde entonces, se dice que las viejas tienen un punto más que el diablo...

 

   

ADIVINANZAS

MISTOL AJI DEL MONTE PICHANA
PIQUILLÍN TUNA TASI

  MISTOL

Cielito verde
estrellas doradas
¿qué es?

   AJI DEL MONTE

        Te pregunto si me quieres                    Al carnavalcito

          y me contestas que sí;                          se lo espera así:

          pero si te pido un beso                         con un platito ‘locro

          te ponés como el ají.                             Bien revuelto con ají.

 

   PICHANA

En el campo verdeguea                                       Sales de la sala
y en las casa culebrea                                         entra en la cocina    
¿qué es?                                                             meneando la cola 
                                                                          como una gallina    

                                                                         
     

   PIQUILLÍN

                 En el juego de las adivinanzas encontramos:

                 Verde nace,                         Verde fue mi nacimiento

                 maduro se cría,                   colorado mi vivir

              en negro se le hace               negro me estoy volviendo,

                    la cortesía.                          mi vida, para morir.

 

         TUNA

Madre ancha,
hija bola ¿qué es?
Ustedes que leen
de foja en foja,
 ¿qué planta de
 la fruta en hoja?

          TASI

Verde la como
madurano.
Ya viene el tiempo
que adoro yo.

 

COPLAS

 

ALGARROBO MATO MISTOL MOLLE
QUEBRACHO COLORADO QUEBRACHO BLANCO
SAUCE CRIOLLO TUSCA SOMBRA DE TORO
ATAMISQUI JARILLA PIQUILLÍN CARDÓN
QUIMILO TUNA LOCONTE QUELLOSISA

ALGARROBO

Coplita algarrobera

A juntar algarroba  
madrugó un tuerto...  
con un ojo cerrado  
y el otro abierto.

                    Anónimo

 

Tu sombra nos cobijaba...  
tu sombra nos hacía techo,  
tus raíces nos gritaban  
donde estaba nuestro suelo.

                           Anónimo

 

Coyuyo guitarrero  
madurame la algarroba  
que andoy con la boca  
y ganosito de aloja.                                

                     Anónimo

 

Alojita de algarroba  
molidita en el mortero:  
se me sube a la cabeza  
como si fuera un sombrero!­

                         Anónimo

 

Ay, vidita,  
fresca algarroba,  
sabrosa charqui  
que el alma dora.

                       Anónimo

 

   MATO

   Donde deflecan los vientos
   rasguñados de garabato y  
   el barro duerme su siesta  
   bajo una sombra de matos.

 

    MISTOL-

                                    Dice el coplero popular refiriéndose a la fruta:                      

El mistol me gusta mucho  
si recién está pintado,  
pero más la mazamorra  
con leche, de cuando en cuando.

                                       Y del bolanchao:

Taco bola en el árbol  
dulce lindo azucarao  
y picando fuerte le so,  
comeremos bolanchao.

 

       MOLLE-

Las hojas se la utilizan para el mate y son un tanto amarga, por lo que el coplero popular nos dice:

Las penitas que yo siento,  
penitas de gente joven,  
son amarguitas, lo mismo  
que las hojitas del molle.

La aloja  se bebe en los días de fiesta, principalmente cuando  el carnaval asoma en los cerros con el pujllay a cuestas, y el bombo, golpeando silencio, se entremezcla con la alegría que pulsa el tiempo.

Ya viene el carnaval  
por la lomita pelada,  
trayendo en las alforjas  
mucha alojita colada

        QUEBRACHO COLORADO -

El coplero popular dice en relación a su madera:

Yo soy como el quebracho;  
cuanto más viejo , mejor;  
la cáscara va cayendo,  
pero queda el corazón.

 

         QUEBRACHO BLANCO-

Una perdiz me silbaba  
Del medio de un jarillal  
P’al lao de adentro una chuña  
Gritaba en el quebrachal  

    SAUCE CRIOLLO-  

Se produce fácilmente por trozos de tallo o estacas. Para testimoniarlo, cerramos con una copla  recopilada por el maestro Jaime Davalos.

Hay que ser como el sauce

Que lo hachan, vuelve a crecer,

Y aunque lo pongan de poste

comienza a reverdecer.

Con exacerbado  misterio,  encontramos una copla anónima que,  hablando  mal y pronto, nos  dejo pagando. Por  eso  es inevitable su  contemplación.

Debajo del sauce verde

donde corre el agua fría,

no me quisiera acordar,

espejo del alma mía

 

    TUSCA -

La dicha que yo atesoro,  
no podré alcanzarla nunca.  
Esta rodeada de espinas  
como la flor de tusca

            Cuando el sol con su magia los deja  
             florecido de oro el tuscal,  
             el crespín va rompiendo el silencio  
             por amargos senderos de sal.

    SOMBRA DE TORO-

Debajo de un sombra ‘i toro  
Dulce me puse a cantar.  
Un mate va y otro viene,  
Mi dicha a recordar.

  

    AJI DEL MONTE-

Es uno de los pocos condimentos que utilizaban los primitivos  habitantes de América; interviniendo en numerosas comidas indígenas, como nos dice la copla:

       Para comer el locro  
       yo necesito:  
       maíz, poroto, carne  
       y el ají frito.

 

      ATAMISQUI-

En el folklore se la distingue  en el coplero popular :

Atamisqui es una planta                                     Cuando me quemaba el sol

que tiene una blanca flor,                                   yo me arrimaba a tu sombra

unos la buscan para remedio,                             así me tiene su amor

yo la busco pa’ el amor.                                     como atamisqui en la loma.

 

        JARILLA

En la puerta de mi casa

tengo jarilla puposa,

no pierdo las esperanzas

de que seas mi esposa.

                                          

 

 

Vámonos  pa’ lao arriba,

vamos como a atar jarillas.

Mi vidita está en le medio,

Saquemelán   pa’l’orilla.

        PIQUILLÍN-

I

Un santiagueño  
antes de morir,  
pedía a Dios y la Virgen  
que madure el piquillín.

II

Voy a hacer el testamento  
de los bienes de tu abuela ;  
cinco husos, nueve torteras  
un telar, dos lanzaderas.

III

Ponga , señor escribano,  
un huso de piquillín,  
tres cadeleros de barro,  
y un plato de sacudir.

         CARDÓN-

   Las espinas de la higuera  
   y las hojas del cardón,  
   dicen que son santos remedios  
   para el mal del corazón .

 

         QUIMILO-

De todas las pencas verse

me gusta la del quimil

porque cuando tengo cama

no tengo con quién dormir

Quisiera ser un quimil

 rugoso y espina dura,

A así nadie me sacuda

buscando fruta madura

 

          TUNA-

De la tuna se hace un riquísimo arrope que la gente de campo suele vender en la ciudad:

     Traigo charqui de mi pago                            Amacaya Dios me quiera

      traigo arrope de tunal                                   un castigo bien grandote

      traigo mistol de Santiago                              una tormenta de queso

      remedio pa’ todo mal                                   y una creciente de arrope

Hay numerosas coplas en el cancionero popular:

    Ay, vidita,                                                 Hacemos con tuna

    boca de tuna;                                             arrope y pegote,

    de habla quichua                                       y lo comemos

    tu eres la cuna.                                          Con zapallo y mote

 

   Es tu boca                                                 Vamos a las tunas,

   sin mancha alguna,                                    vamos, compañeros,

   jugosa y roja                                              antes que la dejen

   como la tuna.                                             llenas de agujeros

 

   Vamos a las tunas,

   vamos a tuniar;

   ya que la cosecha

  se va a terminar.

 

         LOCONTE-

Me encuentro tan arrugado  
como en invierno el loconte;  
a las casas ya no salgo,  
solo me paso en el monte.

 

         QUELLOSISA-

Planta que da una flor que, bien abierta, parece un mirasol. Cuando las flores están  en su plenitud se llenan de insectos que los chicos llaman piojitos,  y al cantarle comienza a salir, lo que es una particularidad de estas flores. Por su color y olor tiene el significado del desprecio; sin embargo  el coplero popular dice:

Tus ojos son dos luceros                                       Plantita de clavelina,

que iluminan todo el mar,                                     florcita de quellosisa,

boquita de quellusisa,                                           es triste mirar a un hombre

¿cuándo te podré  olvidar ?                                   enamorado, sin camisa.