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ORIGENES

 

 

 

                                                  Jorge Luis Córdova Navarro

 

ACONQUIJA

Y

“ EL SUNCHO

DE ACONQUIJA ”

                                                                            “Las Pampas”

                                                                            Junio de 1999

 

SALMO POR EL HOMBRE DE HOY

SALVA AL HOMBRE, SEÑOR, EN ESTA HORA

Horrorosa, de trágico destino:

No sabe a donde va, de donde vino

Tanto dolor, que en Sauce Roto llora.

 

Ponlo de pie, Señor, clava tu aurora

En su costado, y sepa que es divino

Despojo, polvo errante sin camino:

Más que Tu luz lo inmortaliza y dora.

 

Mira, Señor, que tanto llanto, arriba,

La cumbre, oleando a la deriva,

Amenaza cubrirnos con la nada.

 

¡ Ponnos Señor, encima de la muerte!

¡ Agiganta, sostén nuestra mirada

para que aprenda, desde ahora a verte!

 

 

BLAS DE OTERO. De “ Poderoso silencio ”.

 

 

CAPÍTULO PRIMERO

 

 

HISTORIA

 

                        Para empezar a hablar de Aconquija, es fundamental precisar sus orígenes históricos, geográficos, etc. Por eso me atrevo a escribir este ensayo para que lo corrijan y enriquezcan los que saben, y los que no saben que investiguen seriamente y no emitan juicios al azar  sin valor documental alguno.

                        Muchos de los asentamientos poblacionales en la América Hispana, se hicieron en base a parentescos familiares. Aconquija en su historia primigenia no tuvo exactamente esa constante, sino que la misma se da recién a mediados del Siglo XIX y continua hoy hasta nuestros días.

                        La Aconquija Pre – Colombina inserta en la extensa nación Calchaquí; que abarca la región montañosa cordillerana desde Jujuy hasta Mendoza, está poblada casi en su totalidad por los indios Diaguitas, que son receptores de la cultura que les trasmite el Imperio Incaico por estar comprendida en la provincia del Collasuyo. Esta población Diaguita estaba formada por un gran número de tribus, reducidas algunas a una sola población, y divididas otras en varias parcialidades. Gobernadas cada una de éstas por sus respectivos caciques. Se asentaban en serranías y quebradas, en partes llanas y otras no tanto a las que hoy denominamos Valles Calchaquíes.

 

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RELIGION Y MITOLOGÍA. LOS SEÑORES DEL JAGUAR. UNA METÁFORA DE PODER.

            En un estudio analítico de Guadalupe Henestrosa publicado en la Revista Nueva, del Diario La Gaceta de Tucumán de fecha 22 de marzo de 1998 nos explica que estos Señores del Jaguar, “sabían como comunicarse con los dioses y se atribuían la potencia y los sangrientos misterios del jaguar. Este prestigio les permitió hacerse del poder e instalar en algunos valles catamarqueños un linaje de gobernantes y sacerdotes que duró vario siglos.”

            “ Los Señores del Jaguar”, “es el nombre de la exhibición que se presenta en el Museo Etnográfico Juan B. Ambrosetti de la Universidad de Buenos Aires, organizado por el Museo, la Fundación Antorchas y el Instituto Smithsoniano.”

            “La historia empezó doscientos años después de Cristo: la región andina que va de San Juan a Salta estaba habitada por un conjunto de grupos étnicos y políticos independientes, relacionados entre sí sólo por la religión y los sistemas de intercambio de bienes provenientes de los distintos ambientes de la zona. Estos grupos integraban lo que se definió en algún momento como la Cultura de La Aguada. Uno de ellos estaba establecido en el valle de Ambato principalmente y Aconquija.”

            “La abrupta geografía del macizo andino determina varios ambientes distintos,” como así también los Valles Calchaquíes y los distintos parajes comprendidos en el sistema orográfico del Aconquija. “Yendo de este a oeste, se atraviesan cuatro grandes zonas climáticas: la costa del Pacífico (desértica y surcada por unos pocos ríos); los valles de bolsones fértiles de la cordillera; la puna o altiplano, con más de tres mil quinientos metros de altura; la ceja de selva, que desciende por las laderas occidentales de los Andes hasta fundirse con los bosque espinosos de la llanura chaqueña.”

            “Cada uno de estos ambientes tenía su producción particular: mariscos y caracoles en la costa marítima; plumas, pieles y plantas alucinógenas en la selva; alimentos variados en los valles; cultivos de papa y manadas de llama para la carne, lana y carga en las alturas del altiplano. El valle del Ambato y de Aconquija, particularmente en el cordón del Aconquija, era rico en yacimientos de cobre arsenical, utilizado para elaborar objetos de metal.”

            “Así nació un complejo sistema de intercambio de bienes: las caravanas de llamas atravesaban toda la región traficando los productos de cada rincón. Los arqueólogos encontraron plumas de pájaros tropicales en las regiones más áridas, nácar marino en las selvas, metales del Aconquija por todos lados.”

            “Así también surgieron las especializaciones: desde los campesinos que producían los alimentos hasta los artesanos metalúrgicos y tejedores, que tenían más prestigio por que los objetos que fabricaban – telas de lana y artefactos de cobre – eran un símbolo de status. Pero por sobre todos los demás dominaban los grupos que se habían especializado en el caravaneo, en el transporte y tráfico de bienes. Ellos, según Pérez Gollán, habían ido acumulando poder hasta convertirse en los dominantes “señores del jaguar.”

 

“El camino hacia los dioses

            Su prestigio y dominación no se basaban sólo en su capacidad de administración para manejar el intercambio de productos. Ocurre que sus caravanas también traficaban el cebil, un poderoso alucinógeno vegetal proveniente de las faldas de las Sierras de Ancasti, cuyas estribaciones cierran por el este el Valle de Ambato y del Aconquija actual, por lo que los caminos que atravesaban la región eran conocidos como “la ruta del cebil”.

            “Con las semillas del cebil o vilca (o corro, o chamizo) se elaboraba un polvo que era inhalado, fumado o mezclado con la chicha (bebida alcohólica espirituosa extraída del maíz) durante las ceremonias religiosas: las alucinaciones producidas representaban una comunicación directa con los dioses, en particular con punchao, el sol de la mañana.”

“Quienes controlaban las caravanas que traficaban el cebil también se apropiaron de los conocimientos sobre su uso. Sabían cómo suministrarlo, interpretar las alucinaciones que provocaban y organizar los rituales.”

            “Así, los dueños de las caravanas sumaron una nueva forma de poder, el religioso, y se convirtieron en un linaje de señores sacerdotes, dueño de la llave del camino hacia los dioses. El poder, concentrado en unas pocas familias, empezó a trasmitirse por parentesco. Junto con él, estas familias  acumularon riquezas bajo la forma de objetos que eran símbolo de estatus.”

            “ Se planteó entonces una distribución desigual de los recursos y el grupo, con la autoridad y el poder que le da el manejo del cebil, se fue apropiando del excedente de lo que producían los campesinos y los artesanos – explica Pérez Gollán. – La gente cultivaba las tierras para que ellos pudieran dedicarse, a través de los rituales religiosos, a controlar los poderes sobrenaturales, a asegurarse de que hubiera lluvias y buenas cosechas.”

            “ Estas familias de señores sacerdotes vivían en edificios que rodeaban los centros religiosos. En La Rinconada se levantaba uno de los centros religiosos del valle de Ambato, y en Cóndor Huasi el del Valle de Aconquija. Según los relevamientos arqueológicos, una gran plaza, rodeada por varios edificios, funcionaba como centro de rituales colectivos. Los templos eran de una construcción piramidal con dos rampas que llevaban a una plataforma superior: en su relleno se hallaban los fragmentos de huesos humanos, lo que podría indicar que allí se realizaban sacrificios. Las familias gobernantes habitaban otros edificios anexos, un impresionante conjunto de habitaciones. El pueblo, en cambio, vivía en pequeños asentamientos dispersos por todo el valle.”

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“Punchao el sol de la mañana

            ¿Con qué dioses se comunicaban los señores del jaguar? ¿Qué divinidades les otorgaban su poder? Sabían elegir muy bien: Se decían los representantes terrenos de Punchao, el sol de la mañana. Cada amanecer su luz confirmaba que la vida continuaba, que el cielo volvía a comenzar. Esta divinidad solar es común a todos los pueblos de los andes del sur.”

            “Aunque a veces Punchao aparecía como un hombre, con hacha y cabeza – trofeo en las manos, una de sus representaciones mas comunes era el uturunco o jaguar, el animal más poderoso de la región. Por eso en todos los símbolos de status de los señores, aparecía la figura del jaguar: vasos ceremoniales, adornos, hachas metálicas, tatuajes corporales, fuentes de piedra, tallas de madera. Algunos llevaban sobre el pecho y los hombros un peto con la piel del felino.”

            “ Paradójicamente el jaguar, es un ser nocturno: se lo imaginaba brillante, con fuego brotando por los ojos, casi como una metáfora del sol en medio de la noche. A veces se fundía con otro animal, También poderoso y nocturno, el vampiro: así aparecen en los objetos rituales unas figuras misteriosas con naríz de gancho, cuyo aspecto mezcla la fisonomía de las dos bestias.”

            “ Arqueólogos y antropólogos creen que estos señores del jaguar representan una metáfora del poder, que puede extenderse a cualquier época o escenario, Los estudios explican cómo un grupo de cincuenta, cien personas terminan dominando a toda la población del valle, unas cinco mil – comenta Pérez Gollán –.En otros valles se fueron desarrollando otros grupos de poder similares, con los que se establecieron alianzas y casamientos estratégicos y hasta se atribuyen un antepasado mítico en común, el Sol. Los viajes de caravaneo, además de ser un medio de tráfico e intercambio de bienes, servían para legitimar el prestigio”. Esta casta sacerdotal tuvo su apogeo entre los siglos II y IX después de Cristo.

En los primeros tiempos Del Tucumán desde los asentamientos hispanos en las ciudades Del Barco Primera y Del Barco Segunda, o cuando se realiza la fundación oficial (¿el 31 de mayo de 1565?), la jurisdicción Del Tucumán abarcaba muchas zonas que hoy son territorio catamarqueño. Concretamente comprendía todo su valle histórico salvo Capayán, Paquilingasta, Singuil, ACONQUIJA, y muchos otros puntos de su actual territorio. Desde aquel entonces y en adelante, el tráfico, el comercio y la relación se hacía casi exclusivamente con Chile.

            Desde Santiago del Estero a Copiapó y La Serrana, van y vienen soldados, mensajes, auxilios, capitanes y sacerdotes. Sea por que conocen los pasos obligados, sea por que los trafican con afanes de exploración y de conquista; es indudable que los conquistadores y colonizadores y capitanes, conocen minuciosamente a estas montañas intermedias, formadas por el Sistema Orográfico del Aconquija y “sus desprendimientos” como dicen los cronistas de la época, y que sólo por nombrar algunos son las Cumbres de Narváez, Santa Ana, Ancasti, Graciana, de Velasco etc. Acá podemos observar que Aconquija no era sólo este valle catamarqueño - andalgalense que conocemos, sino que abarcaba una inmensa región del Tucumán que con el transcurso del tiempo y específicamente desde las guerras de nuestra independencia, sus topónimos van cambiando y evolucionando impuestos por los fraccionamientos territoriales y los antojos y originalidades de sus sucesivos dueños y herederos.

            Según el Señor Samuel Lafone  Quevedo, “Aconquija es un valle que desde su bifurcación en Andalgalá, corre hacia el norte y divide Tucumán del Valle de Santa María y el Campo del Arenal o de Los Pozuelos. Este cordón montañoso hacia el sur, forma un rincón en el que se halla el hermoso valle de Andalgalá”. El explorador Señor Enrique Stiwart, que ha subido hasta el filo de la cordillera, cuenta que “en partes este es doble, formando una bifurcación o una payca tan característica que hacia el sur forma los cordones del Ambato y del Atajo”.

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SU NOMBRE

 

El nombre de ACONQUIJA tiene muchas acepciones etimológicas parecidas, pero me quedo con una de ellas, “LA LUNA CERCA DE LA NIEVE”, y a mi parecer tiene su razón por que en este inmenso cordón montañoso del Aconquija y sobre todo en este valle catamarqueño, se encuentran las cumbres más importantes en altura, asperosidad y magnificencia del Sistema de las Sierras Pampeanas; y es donde la luna está más cerca de las cumbres nevadas y puede recostarse para reposar sobre ellas con mayor tranquilidad y en silencio, en su ordenada y veloz carrera a través del firmamento. Según mi análisis, sabemos que el nombre originario de Aconquija es Anconquija. Este prefijo “an” supuestamente quiere decir altura o alto o en la cima como Anconcagua o Aconcagua y los españoles para facilitar su pronunciación omiten el prefijo “an”. La etimología del nombre pudo haber sido “ En las alturas la nieve y la luna están juntas” o “La luna y la nieve en las alturas.” En una carta fechada en Catamarca el 6 de setiembre de 1919 del Padre Antonio Larrouy, al Doctor Pedro Ignacio Acuña; publicada en “El Imparcial”, año II, Nº 224 y 225, 8 y 10 de setiembre de 1919 dice: “ Desde luego, al escribir Anconquija, y no Aconquija, como generalmente se pronuncia hoy en día, me conformo con la documentación más antigua. En los papeles del Siglo XVII y XVIII, no deja a la verdad de encontrarse una que otra vez Aconquija pero casi siempre dicen Anconquija.”

            “Si el nombre se debió al cerro o este a aquel, lo ignoro; lo cierto es que a principios del Siglo XVII, existía al pie del Nevado en los actuales Anconquija y El Suncho, una tribu de indios que los documentos españoles denominan siempre Anconquija.”

            “ El nombre de los Anconquijas aparece por primera vez, a mi saber, en el acta de la fundación de Londres, en 1607, 2ª o 3ª Londres, pues hay varias maneras de contar esa múltiple ciudad; pero se trata de la que fundada el 24 de mayo de 1607, por el Capitán Alonso Doncel a nombre del Gobernador Alonso de Rivera. Al delinear la nueva jurisdicción o provincia, Doncel incluye en ella a los dos pueblos de Anconquija y de Malli.”

            Según el historiador catamarqueño Don Gaspar H. Guzmán, nos dice que:

           

                        “En aquella epopeya primaria es cuando Don Juan Pérez de Zurita luego de fundar la ciudad de Londres de la Nueva Inglaterra, otorga La Merced y Encomienda de Aconquija a Don Juan de Espinosa entre 1558 y 1560. Este Juan de Espinosa es uno de los veinte capitanes que acompañan a Pérez de Zurita en la fundación de Londres, y a Don Sebastián de Loria el Pucará de Aconquija también denominado como Pampa de la Sierra. Aconquija por estas fechas estaba poblada por los indios Aconquijas al noroeste y por los Mallengues al sur y sudoeste y los Pisapanacos originarios de Pomán, que ocasionalmente subían al valle. Entre los descendientes de Don Juan de Espinosa hay un nieto suyo, el Teniente Don Diego de Ceballos Morales, casado con Doña Ana Gil de Esquivel, que habiendo heredado Aconquija trasladan a los indios Aconquijas “y Mallengues al Distrito de Malli en Andalgalá, para hacerlos trabajar en las minas de cobre, plata y oro, dejando la región prácticamente despoblada. Entre 1575 y 1580 esta merced y encomienda caduca legalmente entre otros motivos por abandono de sus herederos que no la reclaman por trasladarse a San Miguel de Tucumán. Este salvaje y despiadado desarraigo que sufren los indios de Aconquija genera un gran descontento entre los mismos que sumadas a otras injusticias de que son objeto, traerá a los pocos años serias consecuencias.

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EL GOBERNADOR RAMIREZ DE VELASCO. SU INCIDENCIA EN ANCONQUIJA. EL GRAN ALZAMIENTO CALCHAQUI.

 

            El Gobernador de Tucumán Don Juan Ramírez de Velasco en su pacífica campaña de colonización en 1588, como dicen los documentos, anda por el Valle de Catamarca por donde pasará al Valle de Yocavil y fundará la ciudad de Todos los Santos de la Nueva Rioja el 20 de mayo del 1591. Lo hace muy minuciosamente en distintas jornadas a lo largo de una ruta de cuarenta leguas. Muchos de sus capitanes hacen una elección teórica de las numerosas regiones transitadas y tal vez alguno de ellos inclusive, habrían señalado su elección al gobernador. El caso es que apenas funda La Rioja, Ramírez de Velasco comienza de inmediato a hacer mercedes de tierras de todo lo que es hoy el Valle de Catamarca y en la gobernación del Tucumán y en esa instancia en que decide otorgar la vacante Merced y Encomienda de Aconquija a Don Juan de Mena, quien no asume la posesión a raíz de los graves acontecimientos que van gestándose y que van a ser protagonistas los indios Aconquijas y Mallengues que quieren regresar de Malli a su valle de origen. Estos indios agrupados en familias y otros individualmente, van desertando de las minas y con el transcurrir de los meses a escondidas y a veces salvajemente perseguidos, logran con valentía y tesón poblar nuevamente Aconquija, su terruño. Cuando la gran sublevación Calchaquí de 1630, los indios Aconquijas y Mallengues se pliegan inmediatamente a la revuelta y avanzan hasta Singuil aliados con otras tribus, los Chuchucas, los Colpes etc. Y tras una larga contienda son derrotados en lo que hoy conocemos como La Puerta de Ambato, preservándose así el Valle de Catamarca al que casi tenían ya a su alcance.. Para enriquecer esta historia vamos a volver al Padre Larrouy, que nos aporta lo siguiente.

            En desarrollo de estos acontecimientos nos dice: “En 1632, a principios del Grán Alzamiento, los Mallis y Huzanes subieron de Andalgalá al Campo del Pucará; donde se les agregaron los Anconquijas, y al amanecer del 17 de enero de 1632 dieron juntos contra el pueblo de Singuil; pero fueron recibidos por 15 soldados y sesenta indios auxiliares, mandados por el Gobernador Albornoz, y dejaron en el campo a muchos de los suyos y en poder de los españoles a varios de sus caciques, cuyas cabezas poco después eran expuestas en la plaza de San Miguel.”

            Siguió otro combate en el mismo año y en el mismo punto. “ Los indios derrotados en Singuil no habían abandonado la lucha y menos escarmentado: unos seis meses mas tarde volvían contra el pueblo, con intento, cuenta el gobernador – “ de dar en el Valle y el fuerte de Catamarca” – pero allí se encontraron con la guarnición de ese fuerte  y la compañía del Capitán Diego de Ceballos Morales, (descendiente del primer encomendero de Aconquija, Don Juan de Espinosa, de quien ya hablamos), y en el combate en La Puerta del Ambato “ perdieron mas de 100 hombres de pelea, más de 60 piezas cautivas y gran despojo de caballos y mulas”.

            Un documento de 1670, dice que Los Anconquijas estaban junto a la ciudad de San Miguel desde hacia 38 años, es decir desde el mismo 1632 en que cabalmente tuvieron lugar los dos referidos combates.

 

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LOS JESUITAS Y LOS ANCONQUIJA

           

            “En 1611, los Padres Jesuitas Juan Darío y Diego de Boroa, venidos de San Miguel de Tucumán, evangelizaron detenidamente a los Anconquijas; pasaron luego a Andalgalá y allí se encontrarían con los Mallis, que ocuparían verosímilmente el mismo barrio de la villa del Fuerte que conserva todavía su nombre: El Pueblo de Malli es dicho algunas veces Mallegues, Mallenjes, y Anmalli en una ocasión. Aunque en 1611 estaban en Andalgalá, en la realidad procedían de las inmediaciones del famoso Pucará de Aconquija” – como ya lo expliqué anteriormente – “pero antes cabalmente de este mismo año de 1611 y de las célebres ordenanzas que dictó el Visitador Don Francisco de Alfaro, eran cosa corriente las traslaciones de los indios realizadas por los encomenderos y gobernadores”.” Un documento poco posterior, ya que es de 1611, determina su primitivo hábitat. Es un título de merced de tierras otorgado por el gobernador Don Luis de Quiñones al Capitán Sebastián de Loria.” – “ Le hago merced al dicho Capitán Sebastián de Loria de un pedazo de tierra que cae al dicho Valle de Anconquija que linda con el campo y tierras que hice merced antes al dicho Capitán Sebastián de Loría que corre desde El Pucará que llaman del Inga el valle abajo, cumplida la merced, lo demás que sobrase os hago merced hasta la junta de los ríos  que está a dos leguas de Anconquija, camino de Malli que va al dicho pueblo de Anconquija, que sus aguadas se llaman Tacalam y el otro se llama Oscaam, que están entre la junta de los ríos de la estancia que tenéis poblada”... – a mi entender cuando la merced se refiere a la junta de los ríos esta es la confluencia del actual río Pucará y Punta del Agua, -  “... y media legua pasada la junta de los ríos abajo, de Anconquija con todo el ancho que tiene el dicho valle en esa parte hasta el alto de la Sierra Nevada; y hacia la parte de Sigle ( Singuil) hasta topar con el arroyo donde antiguamente fue y estuvo poblado por los Mallis cuando se retiraron de su asiento al Pueblo de Malli.” – Con seguridad se refiere la merced al arroyo de Las Chacritas. –

                      

                                    Luego de esta derrota los indios de Aconquija, son bajados efectivamente de sus altos valles a los llanos tucumanos, nunca más se les permitió regresar y establecerse en su primitivo asiento. Cuando en 1633, Don Jerónimo Luis de Cabrera, nieto del fundador de Córdoba, refunda Londres en Pomán, menciona a los pueblos de la jurisdicción al este de Amalli, pero no al de Aconquija, y la omisión es obvia, ya el pueblo había desaparecido.

           

 

En 1683 ya pacificada totalmente la región, La Merced y

Encomienda de Aconquija es pedida al Gobernador de Tucumán Don Fernando de Mendoza y Mate de Luna por el Teniente de Gobernador de Catamarca Don Pedro Bazán Ramírez de Velasco en 1670, el mismo que dos años antes fundara la Población del Valle, nuestro actual San Isidro, hermano de Don Diego Navarro de Velasco. Don Pedro también figura en otros documentos como Pedro Bazán de Velasco, casado con Doña Aldonza de Figueroa y Mendoza, a favor de su nieto Don Diego Bazán de Figueroa y Mendoza, incluyendo las tierras de Gastona, cuyos herederos la explotan parcialmente y la ceden ya muy transcurrido el Siglo XVIII a la Compañía de los Padres de Jesús, asentados en la Reducción de Lules. Supongo que esta merced otorgada a Don Diego Bazán de Figueroa y Mendoza es sólo una parte de la merced originaria de Aconquija ya que por la misma fecha, de 1683 se acerca a Catamarca en ocasión de fundar la ciudad de San Fernando, el Gobernador Don Fernando de Mendoza y Mate de Luna quien también concede a Juan de Retamozo – vecino del Valle – algunas tierras en el valle santamariano. Este Retamozo es el verdadero pionero del poblamiento de esa región vallista y descubre mineral de oro y plata en los cerros del Aconquija. Todavía hoy en los nevados del Aconquija más precisamente en la llamada Loma de la Mina, situada en la margen norte del Río Potrero en propiedad de los herederos del Señor Arturo José Navarro, hay una bocamina, que era explotada desde el campo de Las Pampas de la familia Córdova Navarro. Existe allí un pequeño asentamiento cuyos muros están en pie desafiantes todavía, que se los llama Las Casuchas.

 

 

 

 

                        Según nos narra el padre Juan Sebastián, La Compañía de Jesús, trasladada parte de la reducción que tienen en Lules al paraje conocido como “POTRERO DE ACONQUIJA”, es el primer asentamiento firme en la zona, estableciendo cultivos, ganadería y construyendo una iglesia. Este asentamiento estaba a casi la mitad de camino entre Lules de Tucumán y el Fuerte de Andalgalá, por lo que de esta manera se establece una vía segura de comunicación con el oeste catamarqueño y el actual Valle de Aconquija era el paso obligado.

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            DESARRAIGO DE LOS ANCONQUIJA

           

En esa fecha de 1670, los Anconquijas eran 120 personas poco más o menos, según el padrón o censo que entonces se levantó. Quince años más tarde, parece ser que el número de las familias se había venido muy a menos, pues el cura de la Parroquia de Marapa escribe a su respecto - “Tiene el Pueblo de Aconquija 10 indios de mita, con dos reservados.” El mismo añade: “Hay iglesia, aunque caída por un lado, y fiscal, pero manco; sabe uno rezar, y no más. Confesé 20, hice tres casamientos. Son de buen natural, y no muy ladino, causa porque obedecen con facilidad lo que se les manda.”

 

            En 1685 los Anconquijas están establecidos en otro nuevo asiento, que se supone fue su paradero definitivo. El referido cura lo sitúa como sigue: “Los trajeron sobre una pampa grande que está sobre este río (de Guayacombo) lagunas y cañizales, hacia el poniente, de la banda del norte, dos leguas de Tucumán (el Pueblo Viejo), y otras dos poco más de Yucumanita.”  El padre Larrouy, supone acertadamente que este Río Guayacombo es hoy el Río Gastona..

            Los Anconquijas ocupaban allí, en calidad de verdaderos propietarios, tierras que les había cedido su mismo encomendero, Don Pedro Bazán Ramirez de Velasco. Ellos en cambio le habían transferido los derechos que todavía tenían sobre su pueblo originario. Porque, a pesar del tiempo transcurrido y aunque había quedado desierto, reitero, ningún español se había introducido en Anconquija, por lo visto en virtud de las ordenanzas que declaraban intangibles los pueblos de indios. Pero en 1672, la Audiencia de Buenos Aires había autorizado el trueque de tierras que al efecto hicieran con su encomendero. De dicho trueque arrancan los derechos de los propietarios ulteriores.

            Don Pedro Bazán Ramirez de Velasco tomó personalmente posesión judicial de su valiosa adquisición el 28 de junio de 1678; se la dio un comisionado del alcalde de primer voto de la ciudad de Tucumán, que levantó el acta de estilo en casos semejantes.

            Esta se encuentra, original en el Archivo Histórico de Tucumán. Reza de la siguiente manera: “Siendo presente el cacique Antonio Guayunza, que lo es del dicho pueblo Anconquija con sus sujetos Rodrigo Villavil y Juan Callafe y Andrés Gascay y Juan Guañujo y dijo dicho cacique y los susodichos que las tierras y aguadas y sitios donde asistieran sus antecesores y ellos hasta que se fueron a la dicha ciudad de San Miguel de Tucumán y que dan a dicho su encomendero son las siguientes. – “ Por la parte de oriente y camino que atraviesa al valle de Andalgalá, de una aguada que hace un total que llaman Guaycaanca que cae por la parte sur y cayendo por esa parte del oriente como obra de media legua, otro ojo de agua que nace allí, y del arroyo llamado Ampitaco, con otro que nace cercano de dicho arroyo y valle dentro desemboca dentro de dicho Pueblo Viejo, con otros que nacen por la parte norte por dicha cordillera del oriente; y cogiendo por la parte del poniente, vienen tres arroyos que nacen del Cerro Nevado, y los demás arroyos que bajan de esas lomas, nace el arroyo de Cotassi adelante viene el arroyo de Pissavil y la quebrada que tiene su boca para la parte de Andalgalá, (Quebrada de Villavil) que es donde cogían algarroba y asistía el padre de ese dicho Rodrigo con su parcialidad, como en todas las demás aguadas suso mencionadas, dijeron haber sido de su derecho por cuanto tuvieron asistencia en ella todas las parcialidades y sujetos del Anconquija, y que son las que dan al dicho su encomendero que presente es ...” 

 

            Según nos cuenta el Padre Larrouy, - “Anduve a la verdad por esos lugares, y conservo gratísimos recuerdos de la hospitalidad que allí nos dispensaba la familia Navarro; pero era en el siglo pasado, cuando mis ojos apenas servían para ver, no todavía para mirar.” –

            Siguiendo con la misma fuente de información tenemos que: “El encabezamiento del acta anterior dice – En el paraje y sitio de Anconquija, jurisdicción de San Miguel de Tucumán, 17 leguas de ella”... – Pero es el caso que al año siguiente, el mismo rey de España, en la cédula que creaba la Provincia de Catamarca, atribuye a esta “la jurisdicción de la dicha ciudad de San Juan”, es decir la de Londres y queda todavía por demostrar que la jurisdicción de Londres no incluía ya “el sitio y paraje de Anconquija”.

            “El antiguo pueblo de indios, transformado ya en estancia de los españoles, quedó en poder de la familia Bazán 70 años más o menos, y en 1742 era su dueño otro, Don Pedro Bazán de Figueroa y Mendoza nieto de Don Pedro Bazán Ramirez de Velasco. El fue quien, por testamento, donó Anconquija a los padres jesuitas.”

 

            En una obra en latín publicada en Italia, en Faenza, en 1791, y su autor era el español padre José Manuel Peramás, que había residido varios años en la Argentina, contiene las biografías de seis padres jesuitas entre ellos las del Padre Pedro Juan Andreu, nacido en Palma de Mallorca en 1697, llegado a Buenos Aires en 1734 y destinado a la evangelización de los indios Lules. En dicha obra se relata “que por aquella época de 1740, los padres jesuitas habían logrado sacar del Chaco a varias parcialidades de indios llamados Lules, y llevándoles a la jurisdicción de Tucumán, sobre el Río Colorado, más o menos en los parajes cuyos nombres recuerdan todavía su estadía momentánea, la villa de Lules y la estación inmediata de La Reducción. Pero no se encontraban allí debidamente a cubierto de repentinos ataques de otros indios, y fue en esos trances cuando Don Pedro Bazán de Figueroa y Mendoza les donó una heredad suya de cuatro leguas, situada al pie del Aconquija, en las faldas que caen a los llanos tucumanos; el Padre Peramás la denomina Jallja, y es a todas luces el Jaya de hoy. El mismo Padre agrega:”Además (Don Pedro Bazán de Figueroa y Mendoza) donó a los mismos unas tierras de abundantes pastos y ganados que también poseía en el elevado cerro de Anconquja. Esto les legó en el año 1742.”

            Estando pues Anconquija en poder de los padres jesuitas, desde Jaya o el Conventillo el Padre Andreu visitaba a menudo la estancia, “para prevenir –  advierte su biógrafo – los funestos resultados que podían temerse de la negligencia de los peones”.

            Siguiendo textualmente al Padre Larouy tenemos que “sobre todo para gente de aquellos tiempos, Andalgalá distaba poco de Anconquija, y a fuer de celoso misionero el Padre Andreu pasaba de vez en cuando a Andalgalá, que pertenecía a la desmesurada parroquia de Belén y no tenía sacerdote fijo. Aquí el Padre Peramás en una nota al pie, pondera las inmensas  extensiones de algunas parroquias entre ellas l-a de Belén, que comprendía efectivamente toda la antigua jurisdicción de Londres, desde Anconquija y El Ambato hasta la gran Cordillera, y de la frontera de La Rioja hasta Santa María Inclusive”.

            El Padre Andreu deseaba tener en Andalgalá un algodonal, según el Padre Peramás quien agrega – “ que aquel valle es óptimo al efecto” - ; pero lo que se ignora es si los padres realizaron alguna vez este propósito. Lo que si consta es que levantaron en El Colegio una capilla que dedicaron a la Inmaculada Concepción y no dejaron de construir otra en Anconquija en el sitio denominado Potrero de Aconquija en las márgenes del hoy llamado Arroyo del Calabozo, anteriormente ya descripta; y a no dudarlo es que fueron los padres jesuitas Juan Sebastián y Pedro Manuel Andreu. De ella procedía una campana que se halló enterrada siendo dueño de la estancia el General Octaviano Navarro y cura de Andalgalá el Vicario Monseñor D`Amico, que la fundió para campana de su iglesia parroquial, pero ya antes se había quebrado en el servicio de la estancia de Navarro.

           

             

                        Cuando el Papa Clemente IV suspende la Compañía de Jesús en 1767, el Rey Carlos III de España los expulsa de todos sus dominios. Es así como el asentamiento de Potrero de Aconquija se abandona y queda totalmente despoblado. Sus misiones y por consiguiente sus propiedades destinadas a su sostenimiento, fueron confiadas a religiosos de otras órdenes. Algún tiempo Anconquija fue administrada por Mercedarios y finalmente tanto el Colegio como Anconquija fueron a parar a manos del gobierno, del gobierno español desde luego, del argentino más tarde, y después de las provincias en que se encontraban.  Hoy todavía en los meses de invierno, cuando después de las heladas cae la maciega se puede ver a un costado de la actual ruta en la Cuesta del Clavillo, la antigua huella ya borrosa pero que el tiempo no olvida y perdona, dejándola como un mudo testigo de nuestro pasado por donde transitaron capitanes, correos, jesuitas y un eco fósil de progreso que se nos negó y se fue.

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LA INDEPENDENCIA

 

                        La revolución de mayo de 1810, trata de rescatar no sólo los valores y la identidad de nuestra argentinidad en cierne, sino que además restituye a la orden de la Compañía de Jesús todos sus bienes y propiedades de las que habían sido despojados en 1767 y que no obstante de crearse el Virreinato del Río de la Plata en 1777 no les habían sido restituídas. El Aconquija catamarqueño figura por supuesto en el inventario, pero ya es tarde para el desafío que habían iniciado los jesuitas en el Siglo XVIII. La orden se circunscribe a sus propiedades urbanas y suburbanas, en la educación, imprentas y bibliotecas. Aconquija queda de esta manera sin administración y abandonada.

 

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GOBERNADOR MANUEL JOSE NAVARRO

                       

                        Cuando en 18--  Don Juan Manuel de Rosas expulsa nuevamente a los jesuitas de todo el territorio argentino, con argumentos políticos muy poco convincentes, el Gobierno Nacional saca a remate Aconquija en el año 1848 la cual es adquirida desde el Arroyo del Lindero hasta Río Potrero por Don Manuel José Navarro por ese tiempo gobernador de la provincia de Catamarca. Navarro no presta mayor interés en esta inversión y al morir en 1853, Aconquija es heredada por su hijo el General Octaviano Navarro.

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GENERAL OCTAVIANO NAVARRO

                       

Este militar y político que no sabía reír y gustaba de las riñas de gallos es el que con gran empuje y visión, la coloniza, y deja a Aconquija produciendo, lista para entrar al nuevo siglo. Construye casas y establecimientos y a fines del Siglo XIX la Estancia El Suncho de Aconquija se convierte en uno de los cuatro establecimientos agrícola ganaderos más grandes de su tiempo. Es con Octaviano Navarro que se crea un verdadero asentamiento y feudo familiar, donde sus nietos, bisnietos y tataranietos hoy todavía somos sus propietarios.

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LIMITES ACTUALES

 

Como ya se ha explicado anteriormente la antigua Merced y Encomienda de Aconquija comprendía todo el sistema montañoso del Aconquija y sus “estribaciones menores”. Ahora voy a circunscribirme al valle catamarqueño - andalgalense que es el objeto de esta investigación y análisis. Hoy este valle está geográficamente bien delimitado, los litigios limítrofes que existían fueron subsanados en su totalidad en el año1981. Sus límites son al sur con el Departamento de Ambato en la piedra a nivel de los 2000 metros sobre el nivel del mar en La Loma La Atravesada cerca del paraje de Cóndor Huasi, al norte con la provincia de Tucumán en la piedra al nivel de los 1840 metros sobre el nivel del mar en la cuesta de El Clavillo y el río de la Laguna del Tesoro, al oeste con la línea de la divisoria de aguas de las cumbres de los Nevados del Aconquija que los separa de los Distritos de La Aguada y El Potrero en Andalgalá, al este el filo más alto de las altas Cumbres de Narváez y al sudoeste con la piedra a nivel de los 1920 metros en la cumbre de la Cuesta de la Chilca.

           

UBICACIÓN

 

            Aconquija geográficamente se encuentra ubicada entre los paralelos de 27º 32’ y 27º 38’ de latitud sur y entre los meridianos de 65º 59’ y 66º 08’ de longitud oeste, con una altura media de 1700 metros sobre el nivel del mar.

            Al Gran Valle de Aconquija se accede desde la provincia de Tucumán por la ruta provincial nº 365, que en territorio catamarqueño se la denomina como ruta provincial nº 48. De norte a sur y siempre por esta última ruta se llega a las localidades de La Quinta, Yunka Suma, Las Chacras, Río Potrero, Las Pampas, Río Charquiadero, El Totoral, Las Rosas, Alto de las Juntas, El Suncho, El Lindero, Aconquija, El Alamito, Buena Vista y El Empalme con la ruta provincial nº 1, para llegar hasta El Agua de las Palomas y de allí a Andalgalá. Hacia el oeste se encuentran las localidades de El Espinillo y Las Pampitas. El otro acceso importante que tiene el valle es desde la Ciudad de Catamarca por la ruta prov. nº1, que viene por el departamento de Ambato hasta la Loma la Atravesada y que pasa por las localidades de Condor Huasi, La Alumbrera, llegando hasta El Empalme con la ruta nº48. Todas las localidades están comunicadas por numerosos caminos vecinales.

 

Geología

            Aconquija ofrece las características de la típica morfología de la Sierras Pampeanas, son áreas que han sufrido movimientos diferenciales, que dieron lugar a la formación de bloque sobreelevados: las actuales sierras y los sectores hundidos, los valles. La geología está representada por el basamento cristalino, restos de cubierta terciaria y depósitos del cuaternario. En general las rocas cristalinas que constituyen el basamento de sus montañas se asignan al Precámbrico – Paleozoico inferior.

 

Orografía

            Podemos decir que Aconquija se encuentra  enmarcada por un conjunto de sierras, separadas a mi entender por dos valles, el valle del Suncho que se estrangula en El Alamito, donde cambian de dirección los vientos, y el valle del Campo del Pucará – depredación tectónica hacia el sur. – De norte a sur estas cumbres reciben los nombres locales de Cumbre del Suncho, Cumbre de Condor Huasi, Cumbre de los Alisos y Cumbre de Las Casas Viejas, que en su conjunto son denominadas Cumbres de Narváez. Paralela a ella y hacia el este, separada por el pequeño valle del Río Chavarría se encuentra la Cumbre de Santa Ana con su prolongación al sur, la Silleta de Escaba que hacia el sudoeste continúa con la Silleta de las Higuerillas. Al oeste los Nevados del Aconquija que constituyen la columna vertebral como elemento orográfico mas importante de la región, presentando una altura máxima de 5550 metros sobre el nivel del mar. Esta cordillera esta orientada con un rumbo NNE a SSO con una línea de cumbres relativamente continua que se une hacia el norte con la Cumbres Calchaquíes. Comprende los picos de los Nevados del Candado, Pabellón, Cerro Overo, Cerro Medanito, Cumbre de las Lajas, Paso de la Chilca a los 1920 metros sobre el nivel del mar, que conduce al Cerro de la Carreta, pilar septentrional de la Sierra de Ambato. Sus contrafuertes rodean por el sur el Campo del Pucará conocida por El Morro de la Fortaleza Diaguita.

 

Hidrografía

            Está representada por un muy rico caudal hídrico. Corresponde a una cuenca endorreica; la cuenca del Río Medina que desemboca a su vez en el Río Salí o dulce, yendo a aportar sus aguas al dique Frontal de Santiago del Estero. El río del Campo nace en el Campo del Pucará y corriendo de sur a norte desemboca en la Quebrada de Las Cañas a la altura del kilómetro 64 de la ruta provincial nº 48. Los otros ríos que desembocan en la misma quebrada de Las Cañas son el Río Potrero y el Chacras, a su vez durante su recorrido el Río del Campo recibe las aguas del Río La punta del Agua, Calabozo, Pisavil, Charquiadero y de numerosos arroyos con agua permanente.

            Cabe destacar que la red de drenaje se encuentra orientada hacia el norte con una forma de embudo en la parte norte de la cuenca.

 

Clima y vegetación

            Aconquija presenta un microclima benigno de montaña con pastizales de altura. Predomina la vegetación xerófila y los pastos semi duros y duros. El valle arranca en una altitud de 1300 metros sobre el nivel del mar en la Quebrada de las Cañas y asciende hacia el sur en la meseta, hasta los 2500 metros en el límite con el Departamento de Ambato.

            Aconquija es una zona elevada de transición entre la yunga tucumana de clima cálido y húmedo y los valles y bolsones cálidos y semiáridos del oeste catamarqueño. El clima es templado, con gran amplitud térmica durante el día, condicionada por la elevada altitud. La temperatura media anual es de 15º, con mínimas de – 15º en invierno y 34º en verano. En las altas cumbres llegamos a tener mínimas de hasta – 25º.

            El régimen de lluvias varía desde los 1500 milímetros anuales hacia el noreste en el límite con la selva tucumana hasta los 450 milímetros hacia el sudeste. Hacia el norte ocupando la quebrada de las cañas, mesadas y bosque montañosos, que es lo que se conoce como  Valle del Suncho que se dividió en ocho estancias paralelas al Río del Campo. Esta espina de 20 Km. de longitud concentra casi todas las actividades agrícolas – ganaderas y comerciales en la actualidad. Hacia el sur la extensa meseta del Campo del Pucará.

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SUS PARAJES

 

 

En este aspecto donde quiero hacer un análisis de lo más prolijo y certero posible por lo que a mi entender Aconquija se puede dividir a partir de la mitad del Siglo XIX no sobre la base de su geografía, sino en lo que respecta a su colonización y propietarios, así tendremos un mejor panorama de su evolución, desarrollo económico y poblacional.

                       

                        El actual valle de Aconquija se puede dividir de sur a norte en seis parajes. Primero el Campo del Pucará o Pampa de la Sierra; segundo El Pantanillo, Pampitas, Espinillo y  Agua de las Palomas; tercero Cóndor Huasi, Loma Atravesada y Peña Alta; cuarto Alumbrera, El Durazno y Piedras Grandes; quinto La Estancia de “ Aconquija ”, “ Las Cortaderas ”, “ Pisavil ” y sexto la estancia “ El Suncho de Aconquija”, propiedad del Gral. Octaviano Navarro de la cual nos explayaremos más adelante.

 

                        La superficie total del valle se calcula aproximadamente en ciento treinta mil hectáreas de las cuales cincuenta mil corresponden a los cinco primeros parajes y las otras ochenta mil hectáreas a la “ Estancia El Suncho de Aconquija”, que es la única que tiene títulos perfectamente deslindados. Las otras propiedades tienen sus legítimos dueños, pero sus títulos corresponden a acciones y derechos y excepcionalmente sus límites son accidentes geográficos naturales.

 

                        La tierra está en este inmenso valle donde se asentase la colonización raquítica de una metrópolis en decadencia, que lo había descubierto y conquistado imponiéndole su ley, pero sin haberlo colonizado. Y la tierra sigue y está todavía, feraz y ardiente como testigo de un pasado reciente. Y este valle aislado casi, que desde sus cumbres nevadas contribuye

ricamente a una gran cuenca hidrográfica donde el agua siempre fue sinónimo de vida. Y sus pobladores primordiales que son los que dieron la razón a los orígenes de Aconquija; por eso es que con estas gentes, población diminuta y heterogénea que se inicia la revolución del progreso y a las que quiero recordar.

 

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IDENTIDAD

 

Este valle que desde las dos últimas décadas del Siglo XVIII hasta mediados del Siglo XIX estaba condenado  a perecer en la miseria y la oscuridad, si no hubiesen llegado los desafiantes en la encrucijada de lo imposible, para fecundar vida, el desarrollo y forjar su destino. Por eso voy a nombrar aquellas gentes y analizar sus asentamientos. Es a partir de acá cuando Aconquija se mete en el hombre y el hombre se mete en Aconquija. Es donde comienza su verdadera historia, y peregrinar en el tiempo; porque se vive donde está nuestro corazón y es allí donde se da el origen y raíces a generaciones; sustento de una razón de ser poseedora de un orgullo e identidad propia bien fundamentada.

 

                        La antigua tradición aborigen, y ese valor de riqueza espiritual y de cambios que sintetizan estas familias primigenias; es la herencia del Tucumán y de la tradición incaica que se va extinguiendo cada vez más al pisar los umbrales de este nuevo milenio. Así es este valle profundo, inhóspito en parte y acogedor otras veces, a las que se ama demasiado pero no hay que hacerlo tanto, para poder mitigar las ausencias. Con sus rincones ocultos al forastero que pasa; de césped verde y tapiz de tiernos tréboles, de noches frías que perforan el alma y otras tibias y fragantes de lluvia en el estío.  Y en sus quebradas los chiflones de agua colgando de peñas estrechas, como cintas plateadas entre igiorosos helechos y tiernos alisos y molles.

                       

                        El hallazgo de la primera Aconquija, la Aconquija oculta y renegada para muchos me ha llenado de alegría. Me ha devuelto una memoria de siglos y una melancólica templanza hispanoamericana, como si volviese a visitar un paisaje que siempre fue recorrido con el sol de frente y que un día inesperadamente se lo transita con el sol de atrás. Comprender la identidad de Aconquija que tiene raices de muchos siglos y que se extienden por la mayor parte de América hispana, permite mirar el presente sin el complejo de fragilidad que suele tener nuestro pensamiento mezquino. Cualquier mutación para bien o para mal, le sucederá con menos facilidad de lo que podemos creer, porque el  tejido de los orígenes y la identidad  es más densa de lo que creemos.

 

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PARA SABER QUIENES SOMOS

 

                        El nativo de Aconquija es “aconquijeño” más que catamarqueño o andalgalense, y se sienten orgullosos de serlo y para identificarse incorporan un topónimo a sus nombres sin siquiera darse cuenta y dicen soy fulano o mengano...”de Aconquija”, como si eso fuera todo, como si fuera suficiente para decir quienes somos, y esto ocurre porque labramos una verdadera identidad que nos mimetiza con el valle. Al expresarse así, el orgullo los desborda y Aconquija se convierte en el embrión primario del que se nutren y los identifica del resto, para ellos ser aconquijeños es una distinción de estirpe noble y singular.

 

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ESTUDIO DE TITULOS

 

                        Según extractos de títulos, protocolos, actas y trabajos de mensura y amojonamientos practicados que obran en mi poder, de una estancia denominada “ Aconquija”, realizada por el Agrimensor Nacional Sr. Dermidio Berrondo en el juzgado a cargo del Dr. Gustavo Cisternas secretaría Sr. Mercado Orosco en el distrito de Aconquija a los diecinueve días del mes de diciembre de 1919 dice: Cuyos límites son al norte la “ Estancia el Suncho de Aconquija” de los señores Navarro por el sur las “Estancias Las Cortaderas”, por el este El Río del Campo, y por el oeste la “ Estancia de Pisavil”. Como se puede apreciar esos límites son muy imprecisos como los de los colindantes. Según se desprende de mi análisis, es que cuando Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas expulsa a los padres jesuitas de todo el territorio de la República Argentina en 18.., el “estado cede en arrendamiento la “ Estancia de Aconquija” ubicada en el sitio que estuvieron antes los padres jesuitas”, que es lo que anteriormente denominamos como “ Potrero de Aconquija”.

 

                        Estos arrenderos se ven beneficiados con estas tierras al serles otorgadas como “ bienes de temporalidades”, es decir que se les otorgaba una posición definitiva en recompensa por los años que las han usufructuado, y otras parcelas son sacadas a remate judicial.

 

                        Estas tierras de Aconquija rematadas y algunas otras parcelas pertenecientes a antiguos arrenderos son adquiridas “ a mayor extensión “ por el Comandante Don Carlos Orosco, quien vende varias parcelas y una de ellas a la Sra. Rufina Quiroga de Perea, que según consta en escritura pública limita al sur con el derecho de estancia que tiene comprado Elías Belmonte y dice: “ que se extiende este espacio por seis o más cuadras ” por el norte “ el filo de mayor altura de la mesada que se halla sita al frente de la población enunciada de Aconquija”; por el poniente hasta los límites de la estancia de los Sres. Rojas y por el naciente “ con el Río del Campo” esta parcela es donde hoy está el viejo hotel del Sr. Hércules Beverina y la usan. Esta compra – venta se realiza el día 4 de Septiembre de 1.851. En esta “Estancia de Aconquija”, eran condóminos de la misma Sra. Carolina de Figueroa, el Sr. José R. Leiva y otros por lo tanto podemos deducir que la “ Estancia de Aconquija”, era en su mayor parte acciones y derechos. Según el Agrimensor Berrondo “ que dice, la ubicación del título de Aconquija ha sido efectuada a base del título que anteriormente citamos y de las tierras de los propietarios limítrofes, por eso dirá que por el norte, los títulos de la Sra. Carolina de Figueroa y el de los Navarro, parecen coincidir cuando dicen: “ sobre la dirección de la líneas norte limítrofe de Aconquija y que ella corre hacia el poniente de un río por el filo de una cuchilla o mayor altura de una mesada llamada La cuestecilla De Aconquija”. En el límite oeste dicen: “ al oeste de la “ Estancia de Pisavil”; donde los linderos no tienen referencias pero en los títulos de Navarro se encuentra este dato, “ por el poniente hasta lindar con la “ Estancia de Pisavil” cuyos linderos son por La Piedra Colgada línea recta al sur”. El límite este no ofreció ninguna dificultad por tratarse de un límite natural, el Río del Campo. En el límite sur, el título del expediente dice: “ la “ Estancia de Las Cortaderas”, y el título de las Cortaderas dice: “ por el norte un arroyo que baja del poniente al frente del Río de Las Piedras Grandes”.

 

                        Los títulos de la “ Estancia de Pisavil” dicen en un extracto “ que a los 22 días del mes de octubre de 1.875, comparecen Don Adventano Gutiérrez, Doña Arsenia Gutiérrez  y Don Fermín Molina en representación de su esposa Doña A malia Gutiérrez por una parte y por la otra Don Manuel Figueroa, quienes confirman la venta hecha por su hermano el finado Don Abel Gutiérrez al referido Don Manuel Figueroa de un derecho de estancia comprendida en la propiedad y límites de la “ Estancia de Pisavil”, siendo la denominación del derecho vendido El Calabozo y sus límites son: al norte desde donde terminan los límites del Pantanillo, que es la quebrada de El Calabozo; por el sur con el derecho de campo de Juan Maza o Piedra Larga, por el oeste el arroyo que divide el derecho del Pantanillo hasta dar con el límite naciente de la Estancia de Pisavil y por el oeste con el derecho de campo de Aconquija o de Pastor Aguirre o del finado Quiroga”.

 

En otras de las acciones del campo vendidas por el Comandante Don Carlos Orosco es a Don Elías Belmonte y ante el juez partidario a los 27 días del mes de marzo de 1.850 el primero dice: que otorga en venta real por juro de heredad para siempre jamás al segundo y expresado Elías Belmonte y a quien sucediera su derecho una parte de la estancia que la ha habido por compra y le corresponde en Las Cortaderas, cuyos linderos son: por el sur, con la venta que tengo hecha a Don Saturnino Aguirre, por el norte con un arroyo que baja del poniente al frente del Río de Las Piedras Grandes, por el poniente, con la mesada y Camino Real del Calabozo que pasa por Aconquija, con todas las entradas y salidas, usos y costumbres y servidumbres y lo demás que de hecho y derecho le corresponden en dicho retazo de estancia libre de cargo y obligación especial ni general y como tal se lo asegura por el precio de sesenta pesos, en plata sonante, moneda corriente de a ocho reales por peso que confirma el vendedor tener recibidos a su entera satisfacción”. Firman la presente acta Manuel José Madrid, Carlos Orozco, Manuel Aguilar y Elías Belmonte.

 

 

                        A continuación voy a describir según inventarios de bienes practicados por el Sr. Juez partidario Don Domingo Nuñez de La Rosa en 1.862 en la fracción de estancia de Aconquija que corresponde a Doña Rufina Quiroga y de Doña Manuela Perea. De esta manera tendremos un conocimiento más real de cómo estaban organizadas estas heredades. Así vemos que Doña Rufina Quiroga es propietaria de “ Estancia – Una- estancia denominada Aconquija, con su toma de agua sacada de Pisavil, teniendo como diez cuadras labradas contra la casa, inclusive un rastrojo cercado con zanjas de trescientos sesenta y ocho varas de naciente a poniente y trescientos sesenta de sur a norte en el que hay como tres solares alfalfados, habiendo también como veinte o veinticinco cuadras labradas en la mesada que está al norte de la casa todo con regadío.

 

En la hijuela de Doña Manuela Perea relativa a la “Estancia de Aconquija” dice: “ Se le adjudica la mitad de la “Estancia de Aconquija” y la mitad del agua de regadío y los terrenos labrados y laborables”. Esta Señora. Doña Manuela Perea contrajo matrimonio con Don Primitivo Brizuela en la ciudad de Andalgalá el 12 de enero de 1846 según actas que constan en dicha parroquia, y en el archivo de la Provincia de Catamarca bajo el número 5425, en el juicio sucesorio de Doña Manuela Perea se encuentra inventariada la siguiente partida: “La mitad del casco de la Estancia Aconquija, con cinco potreros de alfa, cinco cuadras con pircas de piedras y aguas de regadío, llevada por una acequia de tres leguas de largo por lo menos”. En la partición se adjudica la mitad de dicha estancia al cónyuge supertite Señor Primitivo Brizuela y la otra mitad a su hija Azucena Brizuela Perea. Estos reciben la mitad de la Estancia de Aconquija por porción hereditaria en la sucesión de Doña Rufina Quiroga. Como se puede apreciar en los títulos originarios no se deduce la extensión de la Estancia de Aconquija

 

                        Ya entrado el Siglo XX encontramos que en una ejecución prendaria seguida por Don Sergio Figueroa contra Don Primitivo Brizuela, se traba embargo de la tesorería parte de la Estancia de Aconquija y el 20 de mayo de 1908 es adjudicada dicha fracción al Señor Harold H. Blamey como mejor postor, representado en este acto por el Señor Argentino R. Quevedo. El día 17 de octubre de 1908 se constituye en la Estancia de Aconquija el Señor Juez de Paz Señor Santervas acompañado del Señor Gregorio Chaile, apoderado legal del señor Blamey, y en presencia del Señor Bernardo Estela (a cuyo cargo se encontraba la propiedad), el comisionado puso en posesión a Chaile de la tercera parte de la Estancia de Aconquija. Por lo tanto el Señor José R. Leiva como sucesor a “título seglar” del Señor Harold H. Blamey tiene ya la posesión legal de la tercera parte de la Estancia de Aconquija.

 

                        En otros protocolos y actas encontrados  a modo de mayor información, tenemos que el 15 de enero de 1917 en un deslinde practicado por orden del Sr. Juez Dr. Carlos Quiroga, “de una estancia denominada Aconquija”. “Concurren a presentar títulos. El Ingeniero Tomás Chueca en representación de la Sra. Doña María Waldina Cano Auguier de Navarro por la Estancia El Suncho de Aconquija, el Sr. Timoteo Valdez en representación de su esposa Doña Jesús Balmonte condómina de la Estancia Las Cortaderas, el Sr. Marcos Gonzalez en representación de Doña Carolina Quiroga de Figueroa como propietaria de la Estancia de Aconquija y el Señor Esteban Muro en representación de la Señora Angela La Madrid de Figueroa también como propietaria de la Estancia de Pisavil.

 

El 18 de enero de 1917, se presentan en representación de la “ Estancia El Suncho de Aconquija” el Señor Ingeniero Don Tomás Chueca, El Señor Don Marcos Gonzalez en representación de la Señora Ana Carolina Quiroga de Figueroa condómina de la Estancia de Aconquija y el Señor José R. Leiva también condómino de dicha estancia.

Acá podemos observar que se precisa el límite sur de la Estancia El Suncho de Aconquija cuando en el acta que se labra dicen:  "Se conviene que el límite norte de la Estancia de Aconquija o sea el límite sur del Suncho, sea la prolongación de la línea sur del alambrado o Potrero del Lindero ubicado en la margen izquierda del Río del Campo, contiguo al potrero de Aconquija. Haciéndose constar que queda comprendido como parte de la Estancia El Suncho la parte entre la línea y los cercos de carpeo del Potrero Número Uno. No siendo para más firman”, Ingeniero Tomás Chueca, Agrimensor Berrondo, Nicolás Leiva y Marcos Gonzalez. A continuación se labra otra acta que dice: “Se conviene además en esta Estancia El Suncho reconocer como lindero naciente de la Estancia de Pisavil y poniente de la Estancia El Suncho y Estancia de Aconquija, la línea que partiendo de la Piedra Colgada se dirige al sur Magnético respetando como pertenencia de la Estancia El Suncho la parte comprendida en la mencionada línea y la zanja reconocida como linderos entre la Estancia de Pisavil y la Estancia El Suncho. Firman, Ingeniero Tomás Chueca, Agrimensor Dermidio Berrondo, Marcos Gonzalez, José R. Leiva y Froilán F. Muro.

 

                        Llegado a este punto, voy a ir precisando los límites y la procedencia de la “Estancia El Suncho de Aconquija”. Sabemos que el Gobernador Don Manuel José Navarro compra en remate al estado la que luego se denominaría Estancia El Suncho de Aconquija en 1848, esta estancia así adquirida, tenía sus límites bien establecidos al sur el Arroyo del Lindero, la Estancia de Aconquija como detallamos anteriormente y el Río Pisavil, al norte el Río Potrero, al este la línea de las mas altas cumbres de La Cumbre de Santa Ana y al oeste, la Línea divisoria de aguas de los Nevados de Aconquija. Nos damos acá que una fracción de la Estancia de Aconquija forma un martillo en la Estancia El Suncho y son esos los derechos de campo que luego compra el Gobernador Don Manuel José Navarro al Comandante Don Carlos Orosco en 1851. El croquis de ubicación de esa compra es el siguiente:

En un extracto de títulos dice: “Títulos de Navarro. En este Departamento del Fuerte de Andalgalá, jurisdicción de la Capital de Catamarca, ante mí, Juez partidario interino y testigos de actuación que suscriben esta escritura judicial a los 4 días del mes de noviembre del año 1851, compareció el Señor Comandante Don Carlos Orosco de este vecindario y dijo: que por el presente instrumento vendía y daba en enajenación perpetua para siempre jamás por juro de heredad al Excelentísimo Gobernador de la Provincia Don Manuel José Navarro y Sosa, una fracción denominada Aconquija que la tiene comprada al estado en remate público, lo que consta por escritura pública, linda dicha fracción vendida al Señor Gobernador, por el norte con tierras del comprador, por el sur, al poniente del Río del Campo, el filo de la cuchilla donde se halla la Cuestecilla de Aconquija, y al naciente el Río indicado desde el mojón ubicado en la rivera del río, línea recta horizontal hasta tocar la base de la cuchilla por donde cruza el camino que viene de Tucumán, por el poniente a lindar con las tierras de la Estancia de Pisavil, cuyos linderos conocidos son, por la Piedra Colgada línea recta al sur, hasta lindar con tierras de Doña Rufina Quiroga de Figueroa, por el naciente, con el filo de la cumbre sita al naciente del Rodeo de los Alisos con todas sus aguadas, entradas y salidas, usos y costumbres de servidumbres, en el precio y cuantía de pesos 50-(pesos cincuenta plata sellada moneda corriente de a ocho reales por peso), los que el vendedor confiesa ya haberlos recibido.” Firmado: Carlos Orosco, Bernardino Cisneros, V. Baz y Gregorio Sosa. La protocolización de esta escritura dice: “En esta ciudad de Catamarca a los días 27 de noviembre de mil ochocientos cincuenta y uno, me fue presentada a mí el infrascripto, Escribano Público, la escritura de venta de Don Carlos Orosco al Excelentísimo Gobernador de la Provincia Don Manuel José Navarro el derecho de estancia que ella expresa, para que la protocolice y eleve a instrumento público, dando la copia autorizada al interesado para resguardo de su derecho.” Firmado Vicente Bascoy, Escribano Público.

 

                        He tratado infructuosamente de encontrar la filiación del Señor Comandante Don Carlos Orosco. Ni en los archivos parroquiales de Andalgalá, donde se lo reconoce como “vecino de esta ciudad”, ni en Saujil, Belén y San Fernando del Valle he podido dar con partidas de nacimiento, casamiento o bautismo del citado comandante y mucho menos encontrar herederos, lo que me hace suponer de que ha sido un visionario inversor inmobiliario o testaferro de algún personaje importante de la política de ese tiempo. Analizando las transacciones inmobiliarias que realiza, el Comandante, las concreta personalmente en todos los casos, no delega gestiones en apoderados, no presenta testigos a su cargo, solamente embolsa pingues ganancias y desaparece de la región como ha llegado.

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LA ESTANCIA EL SUNCHO DE ACONQUIJA DEL GENERAL OCTAVIANO NAVARRO

 

                        A la muerte de Don Manuel José Navarro, hereda la Estancia El Suncho de Aconquija su hijo, entonces Coronel Don Octaviano Navarro, quien compra en 1860 a unas familias Colombres y Alurralde vecinas de la Ciudad de Tucumán hacia el sur lo que hoy son las estancias La Elsita en Las Chacras, Yunka Suma, Esquina Grande y Laguna del Tesoro.

Dada la gran extensión de esta propiedad para poder administrarla mejor, crea puestos con capataces encargados de cuidar el ganado, así surgen los puestos de La Laguna del Tesoro, Las Chacras, El Pitadero en el Charquiadero arriba. El casco principal de esta Estancia el Suncho de Aconquija se encuentra ubicado sobre una meseta de unas veinte hectáreas, cuya casa principal tiene una orientación este - oeste y esta precedida por corrales y muros de pirca.

Situado a mitad de camino entre las actuales localidades del Lindero Y El Alto de las Juntas, sobre la margen este del Río del Campo. La casa principal con sus dependencias de servicio, cocheras y galpones para depósitos de granos y mercaderías tuvo aproximadamente unos 4000 metros cuadrados. De un estilo mezcla pompeyano y colonial, muy parecido al de la actual casa de gobierno de la Ciudad de Catamarca, su construcción se inició en 1856 y finalizó en 1860. Fue adquirida por el Doctor Eduardo Sabaté Prebich en 1974, a la familia Galíndez herederos del General Navarro. Será este en sus principios un asentamiento frágil debilitado por las distancias y el aislamiento, pero siempre será sostenido y reforzado con soldados, colonos y a veces también con matrimonios forzosos. Es una obra paciente y tozuda que quedará. Navarro trae hacienda vacuna, mular y caballar, usa el alambrado en pequeñas parcelas y construye con pircas corrales en toda su estancia que hoy todavía son utilizados. Con pircas también hace construír por la margen norte del Río Pisavil el límite sur de la propiedad que todavía hoy, existen. En 1867 hace venir inmigrantes italianos que son agricultores, como las familias Sachetti, Mazzucco, Sedán, D’ Valerio y Larcher. Tanto a ellos como a familias criollas le cede tierras de cultivo o colonias que tenían que pagar por su usufructo con el tercio de sus cosechas. Se siembra maíz, cebada, centeno, papa, hortalizas, poroto, zapallo y trigo, a éste último se lo industrializa en un molino que el General Navarro hace construir atrás de su casa y se fabrica harina de pan. La sal viene de Pipanaco en el departamento de Pomán para hacer encurtidos, chasinados y jamones que son una de las técnicas que nos enseñaron estos extranjeros y hoy todavía se conservan. Al charqui lo hacen los criollos. La Estancia el Suncho se convierte en un establecimiento rentable poco a poco sin ser minero, pero es una econonía satélite, vivía a impulsos de la economía del Tucumán, y hay algo más que marcará a fuego su organización e ideología: sus productos sólo tienen valor en el espacio cerrado de la economía regional. Por eso Navarro con gran visión rompe las tranqueras de los pasos cordilleranos como el de San Francisco y sale a Chile con arrias de ganado en pie. Se compran tejidos y lienzos de Belén y Tinogasta, se comercializa con lana de camélidos y ovinos, uvas, vinos y aguardientes de Pomán y Andalgalá; Aconquija exporta e importa. Aconquija casi se autoabastece de productos alimentarios y vende sus excedentes para adquirir insumos que no produce como azúcar, yerba y cacharros de latón para enceres domésticos. Se construyen silos de forrajes para invernada, industrializan la leche de vaca en puestos específicos de lechada y se fabrica manteca, quesos y quesillos; a los huesos de los animales carneados se los sala y acondiciona en barricas con grasa de cerdo, Navarro trae árboles frutales y se hacen dulces sobre grandes hornallas de barro en pailas de cobre chileno, foresta con salicáceas y traen algunos plantines de nogal de Castilla. Otra actividad que se desarrollaba era el salado y curtiembre de cueros con la cáscara del árbol del cebil de la cual se extraían el tanino y la manufactura de diversos tipos de calzados rústicos y botas. Se cuenta que en la campaña militar que el General Navarro emprendió contra Felipe Varela para expulsarlo del territorio de la República, parte de su tropa pasó por la Estancia El Suncho de Aconquija para proveerse de ushutas y aperos.

                        Las vías de comunicación de Aconquija y sobre todo de la Estancia El Suncho de Navarro por las cuales se transportaba el comercio de mercaderías y haciendas, era por El Clavillo a Alpachiri y Concepción en Tucumán, cruzando la Cumbre de Narváez y Santa Ana, desde la Estancia El Suncho por El Ediondillal, a Aguilares, Alberdi y Santa Ana también en territorio tucumano. Por el antiguo camino real del Calabozo pasando por Carapunco y siguiendo la quebrada del Río Villavil, a Andalgalá y al oeste catamarqueño y por el Cañadón del Ambato, a Siguil, El Bolsón, Los Varelas; La Puerta y Catamarca. Habían huellas de herradura que la gente recorría desde Condor Huasi por Chavarría a Escaba y desde El Pucará por el Cerro de la Carreta a Pomán. Cuenta la historia que la Señora esposa del General Octaviano Navarro Doña María Waldina Cano Auguier de Navarro, era transportada en un palanquin

 

 hasta la Estancia El Suncho; esta travesía duraba tres días y dos noches las que se hacían primero en La Puerta y en Singuil hasta llegar a destino, el regreso se realizaba de la misma manera. Yo todavía alcancé a ver durante la década de los cincuenta hasta mediados de los sesenta, las últimas tropas de pueblistos que pasaban ya muy esporádicamente –así llamados porque eran nativos de “Los Pueblos”- como Saujil, Mutquín, Colana, Rincón y Colpes en el departamento de Pomán. Arreaban tropas de hasta treinta burros y mulas chasneados con barricas de aguardiente y vinos pateros, petacas de cuero con patay y panes de sal, A veces se paraban en las casas para ofrecer sus mercaderías y los niños corríamos en busca del patay o la aloja. Rumbeaban a Tucumán a trabajar en la zafra azucarera y al finalizar la primavera regresaban a sus pagos cargados de azúcar, yerba, ropa, calzado y alfeñiques de miel de caña de los cuales no podré olvidarme jamás.

                        Los núcleos de población nativa y mestiza de Aconquija se agrupaban por familias en los puestos de hacienda, de lechar y principalmente alrededor del casco principal de la estancia. Los europeos y sus descendientes en sus colonias de laboreo agrícola. Quedaba un grupo poblacional relativamente disperso que eran los vástagos de los indios Aconquijas, Malengues y algunos Guazanes y Pisapanacos.

                        Estas familias con tierras de heredad propias ocupaban la región sur del actual distrito y hoy todavía están posesionados de pequeños y medianos latifundios. Nada más tentador que escribir la historia de los que perdieron. No es de extrañar que la historia de los vencidos haya convocado a brillantes crónicas como las del Inca Garcilazo de la Vega, que fue hijastro de Don Jerónimo Luis de Cabrera habiendo tenido su madre dos hijos con el ilustre fundador de la Ciudad de Córdoba de la Nueva Andalucía. A su vez la solidez de su cultura, que aunque no tuviesen la escritura ni la rueda, permanece todavía sólida en el tiempo y en el espacio de la Hispanidad Indiana.

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SU GENTE           

 

                Quiero señalar que la España europea y la España indiana, tenían su frescura, un sentido de integración y permeabilidad social que son capaces de producir un fruto único: una variedad de entrecruzamiento muy fértil que rápidamente conforma una nación mestiza. Y  como todos los nacimientos provienen de un doloroso parto, La Pachamama se raja las vestiduras y cede a España sus hijos que son el criollo argentino cepa pura de nuestra nacionalidad y eslabón fundamental de nuestra independencia. Este concepto de reciprocidad se extendía a todos los conceptos de la vida, la ética del poder político, el funcionamiento de su jerarquía, la organización económica y el concepto del trabajo como una verdadera ideología básica; imponía un frágil principio de equilibrio tanto en las relaciones entre pares – individuos y comunidades – como entre las distintas jerarquías. Siempre hay un don y contradon, siempre que se da algo, se espera recibir en cambio, y de este modo se entendió también la relación con los superiores. Algunos nativos conservarán sus nombres originales y otros tomarán apellidos cristianos al ser evangelizados. Otra gente vino de otros parajes de la provincia e incluso de Tucumán y se afincaron definitivamente."Esta parte se  amplía en el tema familia por familia, en estudio y elaboración".*

            Su fisonomía y rasgos todavía están hoy tan bien definidos que se los puede observar a algunos con un andar cadencioso y modorriento, otros ágiles y ansiosos, unos de rostro chato, achinado y charcón, otros de pómulos altos y prominente nariz aguileña y algunos pocos en que es visible su sangre afroamericana; y quizás algunos sin saberlo, que por sus venas corre la gloria, la noble estirpe hidalga y los ilustres linajes del mestizaje con los capitanes que pasaron por el lugar.

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SUCESION Y DESMEMBRAMIENTO

 

            El 19 de enero de 1878 muere el General Octaviano Navarro  y se hace cargo de la administración de la “Estancia el Suncho de Aconquija” su hijo, el Señor Octaviano Augusto Navarro Cano. Toda la pujanza progresista de esta estancia se mantiene inalterable, en el volumen de su producción, variedad y calidad por más de dos décadas; pero ocurre un hecho fundamental y traumático que quiero analizar detenidamente; el ferrocarril.

            Cuando este importante y próspero medio de transporte llega al norte, beneficia a unos sectores de la población, y perjudica a otros lamentablemente. La Estancia el Suncho de Aconquija que a fines del Siglo XIX era una factoría y un emprendimiento agrícola ganadero regional pujante, queda marginado del progreso por estar situada en un rincón montañoso periférico al ferrocarril y lejos del cambio. El comercio con Chile, Tucumán y Córdoba disminuye sustancialmente, y los convoyes de carretas desaparecen. El transporte de aquel entonces, consistía únicamente en los animales de carga y las carretas. Acá, quiero detenerme en este noble medio para rendirle su merecido homenaje. Las enormes distancias por recorrer y los malos caminos siempre fueron los obstáculos mayores para el progreso de nuestro país desde los tiempos coloniales. Esas rudimentarias rutas fueron cruzadas por lentas y pesadas carretas que, tiradas por bueyes fueron el primer eslabón del intercambio comercial. En esta enorme cuba de madera en la que sus ruedas son de dos y media varas de alto mas o menos, cuyo centro es una maza gruesa de dos o tres cuartas sobre el cual está hecho el cajón de la carreta. En los costados llevaban seis estacas de madera, clavadas a especie de mimbre que formaban el techo que se cubre con cueros de vacunos cosidos. Los costados se cubren de junco tejido (quincha). La tiraban cuatro bueyes cuyo conductor los azuzaba con una larga caña terminada en punta aguzada llamada picana que pende de una vara que sobresale del techo. En las carretas nada hay de hierro, todo era de madera y cuero. Las largas caravanas de veinte o treinta carretas, atravesaban lentamente el Alto Perú , El Tucumán y las pampas, cubriendo entre 20 y 25 kilómetros diarios. Se tardaba meses de cubrir el trayecto de Catamarca a Buenos Aires. Por las noches se formaban círculos con los vehículos donde se hacía el asado y se preparaba el mate.

        En 1857 el riojano Timoteo Gordillo (1814 – 1894), a su regreso del exilio en Chile , viajó a Estados Unidos y en tres barcos, de 500 toneladas cada uno trajo 100 diligencias de las utilizadas en el oeste Norteamericano. Desembarcó todo ese material en el puerto de Rosario y asociado con Urquiza, Del Carril y Virasoro, organizó una compañía de mensajerías y transporte que sirvió las rutas entre Paraná, Santa Fe, Córdoba y Rosario con ramales hacia el norte argentino. En 1860 organizó la empresa La Primera Cordobesa. Fue así que Gordillo, un riojano emprendedor y visionario, se convirtió en el pionero de los caminos argentinos y las mensajerías nacionales. Este fue, contratado por el General Navarro, el primero que hizo circular una galera entre Catamarca y Córdoba. Ahora todo va y viene del puerto de Buenos Aires y el ferrocarril es el medio de transporte. La industria azucarera tucumana y otras, dan el salto a la prosperidad, y en Aconquija que éramos industriosos no industriales perdimos esta gran carrera.

            Los Valles Calchaquíes quedan a contramano del carril que llega hasta Andalgalá con una trocha angosta y por el interés minero sobre todo. La producción regional se deprime, la ganadería es introducida por los europeos, nuestros productos manufacturados no se cotizan, todo viene del viejo mundo y este establecimiento de El Suncho como muchos otros similares en su género, tienen que subsistir en desventaja, por sus difíciles vías de acceso y comunicación para poder integrarse a la región. El Aconquijeño se empobrece.

           

            El magma aflora en El Tucumán con su deformación injusta, conservadora y evolucionada; y los habitantes de esta Aconquija tucumanesa con su identidad cultural fundadora y guerrera, parte de la Patria Indiana, tiene su tejido social impermeable hacia el Atlántico. Y estas pobladas, ricas, antiguas e inmensas regiones, son obligadas a girar sobre su historia, dando la espalda a la civilización del Pacífico, el mar español, para volver la faz hacia el Atlántico, el mar europeo; pasaban de la quietud al cambio para el que no estaban preparadas. Se bajaba en un solo y despiadado acto la “cortina de plata” tendida en el Siglo XVII, que llevaba dos siglos y medio de construcción económica, cultural y política. Se revitaliza así inmediatamente revalorizada, la antigua vocación cosmopolita y absorbente de Buenos Aires con su puerto contrabandista y transgresor durante la colonia.

            Se hacía una nueva Argentina y algunas regiones del Tucumán Colonial pasaban a ser satélites periféricos del modelo. Pero por suerte hoy todavía nuestra tradición y acervo cultural trasciende, y supimos en muchos casos crear los anticuerpos adecuados para rechazar y no licuarnos totalmente con este voraz cambio.

 

            En enero de 1914 con la anuencia de los hijos del General Navarro se hace cargo de la administración de la Estancia el Suncho de Aconquija, el Ingeniero Tomás Chueca casado con la Señora Waldina Navarro Cano hija del general, con el compromiso de que rápidamente haga la convocatoria de herederos e inicie el juicio sucesorio. A este trámite, Chueca lo demora argumentando que todavía no estaban dadas la condiciones para realizar el inventario de los bienes y la partición, lo que produce gran descontento entre los herederos.

            En 1919 fallece la esposa del general, la Señora doña Waldina Cano Auguier de Navarro.

            En el verano de 1921, la Señora doña María Luisa Navarro Cano de Córdova Navarro acompañada por su hijo mayor Gerardo Javier Córdova Navarro, viaja al Suncho desde Tucumán, y al llegar a la estancia le comunican que no había alojamiento para ella por estar todas las dependencias de la casa ocupadas por huéspedes. Doña Luisa Navarro solicita una entrevista en privado con el Ingeniero Chueca en su despacho que no dura mas de quince minutos; lo cierto es que inmediatamente le preparan habitaciones para hospedarla con su hijo. El sucesorio se diligencia rápidamente y las parcelas a adjudicarse están listas para ser sorteadas ya en 1923. Jamás trascendió lo dicho en esa entrevista, pero lo cierto es que todo quedó aclarado.

            Así de esta manera la Estancia el Suncho de Aconquija queda fraccionada en “ocho” lotes o estancias y sus superficies oscilaban aproximadamente entre cuatro y ocho mil hectáreas cada una, cuyos herederos eran en igual número hijos del General Navarro.

           

Se realiza un sorteo para adjudicar las partes y de norte a sur le corresponde el  Lote número uno, “Laguna del Tesoro”, a la Señora María Ernestina Navarro Cano de Walter; el dos, “Esquina Grande,” a la Señora Ana Navarro Cano de Acuña; el tres, “Yunka Suma,” a la Señora María Waldina Cano de Chueca; el cuatro, “Las Chacras,” hoy “La Elsita,” al Señor Arturo José Navarro Cano; el cinco, “El Totoral,” al Doctor Octavio Navarro Cano; el seis, “Las Pampas,” a la Señora María Luisa Navarro Cano de Córdova Navarro; el siete, “Las Rosas,” al Señor Octaviano Augusto Navarro Cano y el ocho, que comprendía el casco e instalaciones de la Estancia "El Suncho de Aconquija", a la Señora María Delia Navarro Cano de Lobo.

           

A estas estancias son a las que los tucumanos, que comienzan a llegar al valle a principios de la década de 1930, algunos para radicarse, otros por negocios y turismo, denominan “torpemente" Las Estancias.

 

UNA PINCELADA DE ACONQUIJA Y VAN ...

 

            No podemos seguir hablando de Aconquija sin detenernos en sus montañas y sus ríos, que bajo un cielo sereno a veces y tormentoso otras, la palidez del amanecer llena la montaña. Melancólica o triste, opulenta o sonora, resplandece luego a los rayos del sol naciente y se muestra al cielo azul omnipotente. Pensativa en la tarde, misteriosa en la noche, luminosa en la aurora, su inmensidad lo llena todo y me llena el alma con un silencio que a veces aturde y duele.

En el hueco ignorado de un abismo o sobre una áspera cuchilla, triste y vidente, mística y profana, rendí culto a su misterio.

 

Desde sus cimas he bebido en sus paisajes, y en mis claras pupilas se retratan azules horizontes. Silenciosa con su alma en la mía, robé al aliso, a la queñoa, al cuerno, a la yareta y a la añagua su infinito secreto. Riscos inaccesibles, quebradas misteriosas, senderos nunca hallados confiaronme el secreto oculto de sus noches.

 

Azul es la mañana y el sol como nunca está festivo. Desde estas cumbres azules abarco el cielo, y me torno tan leve y soy casi tan intangible que a veces creo ser brisa ligera.

 

            Allá abajo el pueblo se ha dormido y flota un silencio sepulcral en cada sendero. Bebo cada paisaje con un cariño inmenso, cada flor, cada árbol, cada piedra, cada cosa, y el sol como una joya antigua y maravillosa, y la montaña agreste que es mi mejor amiga. Por eso muchas veces pienso en la eternidad, en los siglos y en el amanecer del tiempo, y esta nieve de la montaña diluída que al derramar sus aguas transparentes por las laderas de las cumbres y encajonarse entre altas peñas, formó en un aluvión original este refugio de cristal en que vivo que se llama ACONQUIJA.

 

Sus ríos, a quienes sus nacimientos conozco a casi cinco mil metros de altura, se deslizan pendiente abajo por unos sumideros, donde corren subterráneos bajo lajares y líquenes despaciosamente con un murmullo de canto gutural, de infinita paz transparente, hasta que llegan a quebraditas para conjugarse en un solo torrente y seguir su curso velozmente en bruscos recodos que quiebran los senderos. Y sus cauces ya incontrolables bajan al valle para que de ellos se levanten las tomas de las acequias que riegan Las Mesadas, y cuando la tormenta arrecia y el rugir del trueno se enloquece, su cauce sensual se transforma en curiosa correntada que todo a su paso arrasa, como diciendo, yo soy el río, acá estoy presente.

 

Tiembla el hombre en su arrogancia y su mortal destino ante el ímpetu voraz de la corriente. En invierno, cuando al parecer el inmenso río de la montaña está dormido, en el estío ahonda la herida en la quebrada entre riscos de soledad y de silencio. Y allá esta el río. No importa que el tiempo se haya ido, el río vive del recuerdo y mira la eternidad tapada en la noche profunda por un manto de estrellas.

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