Premios internacionales para seis inventores argentinos Fue en la exposición
más importante del mundo en Ginebra
Compitieron con 41 países · Recibieron 4 medallas de oro, 2 de plata y una copa ·
Entre sus creaciones hay una camilla especial, un sujetador de cordones de zapatillas y un elevador de ventanilla para el auto
Después del dulce de leche, la birome y el colectivo, otros seis inventos argentinos acaban de pasar a la fama. Hace dos
semanas, fueron premiados con medallas de oro y plata en la 25 Exposición Internacional de Inventos de Ginebra, la más prestigiosa del mundo. Además, sus creadores ganaron la copa especial de la Federación Internacional
de Inventores al mejor equipo. Compitieron con 41 países y mil inventos. Ellos recalcan que no tuvieron apoyo oficial. Sus obras son simples y curiosas. El rosarino Claudio Blotta creó una camilla automática que permite levantar heridos sin necesidad
de moverlos. Ricardo Maclen armó un aparato portátil que envasa píldoras en tiritas, algo que sólo se hacía de manera industrial. Vinicio Completa inventó un elevador para la ventanilla de los autos que funciona solamente con un tensor de nailon y una
polea. Eduardo Fernández, dueño de 120 inventos y docente de psicología de la creatividad en la Universidad de Buenos Aires, creó el sujetador de cordones que evita hacer nudos. Los cuatro obtuvieron medallas de oro.
Preocupada por el reciclaje de botellas descartables, Mirta Fasci ideó envases plásticos con un sistema de encastre para unirlos entre sí. Y Silvia Schuster inventó un método de encuadernación con anillado y una tapa desplegable. Fue mientras ayudaba a
su hijo a preparar la entrega de un trabajo para la facultad. La botella y el cuaderno recibieron medallas de plata.
Una apuesta al destino
Los protagonistas tienen algo en común: en un momento dejaron de lado la seguridad y se atrevieron a
apostar por una vida como inventores. "Un inventor es el que descubre una necesidad y después encuentra una solución -explica Eduardo Fernández, presidente de la Asociación Argentina de Inventores-. No hay una carrera para ser inventor profesional.
Lo es quien completa el círculo de inventar algo, patentarlo y colocarlo en el mercado". De los 500 miembros de la asociación sólo el 5 por ciento puede desarrollar esa actividad de manera profesional.
Ricardo Maclen dejó su trabajo como
empleado para jugarse por su máquina de 45 kilos con un prensador que envuelve pastillas. Ya vendió 35 en todo el país. Una está en la Universidad de Tucumán.
Claudio Blotta, que es ingeniero mecánico, montó un taller donde desarrolló motores para
lanchas. Llegó a vender cien por mes.
Para participar de esta feria de inventos -considerada como la más importante de las 23 que se realizan todos los años en distintos países-, cada participante argentino invirtió entre ocho y diez mil pesos.
Los grupos de otros países asistieron con el apoyo de gobiernos y empresas.
Después de los premios, el grupo de inventores espera la llegada a Buenos Aires de una delegación comercial taiwanesa el 14 de mayo. Están interesados en producir sus
objetos.
FLORENCIA ARBISER
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