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La
figura de Fray
Luis Beltrán
se destaca con relieves propios, porque daba a su palabra la voz
de los cañones, y fue el artesano múltiple de la independencia
de América. Su destino siguió la periferia de los grandes
hombres: fue humilde en sus comienzos, magnifico en el apogeo de
su genio, cuando era el Dios Vulcano de la Patria, pero injusto
y triste, cuando ya nadie precisó de él, para asegurar el éxito
de las batallas.
Hubo un tiempo en que se discutió la cuna de su nacimiento,
alegando que Beltrán era sanjuanino, pero probado está que El,
nació en la ciudad de Mendoza, el día 8 de setiembre de 1784,
siendo sus padres el francés Luis Beltrán y la dama sanjuanina
Micaela Bustos.
Pasó sus primeros años en el viejo convento de San Francisco,
de la capital de cuyo, hasta que el visitador de esa Orden lo
llevó al Convento de Chile, para terminar sus estudios y
ordenarse de sacerdote.
Aquel muchacho mendocino, era de constitución vigorosa, porte
marcial y simpático, y muy pronto llamó la atención de todos,
por su clara inteligencia y las predisposiciones que evidenció
para las matemáticas, la música, la mecánica y para toda
clase de oficios, tales como: relojero, carpintero, herrero,
pirotécnico, dibujante, artillero, cordonero, físico,
químico, bordador y médico, todo lo que sabia lo había
aprendido por lecturas, observación y práctica. Tenía
extraordinarias condiciones para aprender, como puede verse.
El humilde Capellán, penetró un día en los talleres de la
Maestranza de O'Higgins y observando las formas rudimentarias
con que se trabajaba, reveló su genio, impartiendo consejos y
haciendo observaciones a los mismos ingenieros, que fueron los
primeros en reconocer su capacidad excepcional recomendándolo
al general O'Higgins, quien lo nombra Teniente y lo pone al
frente de su Maestranza, pero poco tiempo después, es derrotado
el patriota chileno en la batalla de Rancagua y se ve obligado a
cruzar la cordillera con cerca de mil prófugos, que hallaron
seguro refugio en Mendoza, donde era por ese entonces,
Gobernador, el Gral. San Martín. Entre ellos venía también
Beltrán.
Vienen luego los aprestos del Ejército de Los Andes y cuando
San Martín instala su fábrica de armas, el mismo O'Higgins es
quien le recomienda que la dirija el fraile franciscano, Luis
Beltrán, que después de llegar a su ciudad nativa, como
prófugo de Rancagua, vuelve al convento de su infancia,
vistiendo nuevamente los hábitos.
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